Hubo un tiempo en el que cada día se sentía igual. Despertar no era más que un acto mecánico, como si su cuerpo estuviera en movimiento, pero su mente se hubiera quedado atrapada en un lugar oscuro del que no podía escapar. Se levantaba, se vestía con precisión, ajustando cada detalle de su atuendo como una armadura que ocultaba el caos dentro de él. Por fuera, todo parecía estar en su lugar: la postura firme, la mirada fría, el aire de alguien que tiene el control. Pero nadie sabía lo que ocurría cuando las luces se apagaban y la soledad se hacía más densa.
La depresión lo abrazó en silencio, como una sombra que poco a poco se fue apoderando de cada parte de su vida. Al principio, no entendía lo que sucedía. Solo sentía un cansancio que no desaparecía, una tristeza inexplicable que no podía nombrar. Las cosas que solían hacerlo feliz perdieron su brillo, y las conversaciones se convirtieron en ruido distante. Se aisló sin darse cuenta, alejándose de quienes lo querían, porque explicar lo que sentía parecía imposible. ¿Cómo describir un dolor que no tiene una causa clara? ¿Cómo pedir ayuda cuando ni siquiera entiendes por qué te estás hundiendo?
Hubo noches en las que el peso de sus pensamientos se volvió insoportable. Se quedaba despierto, mirando el techo, preguntándose si alguna vez volvería a sentirse normal. Durante el día, seguía adelante por inercia, fingiendo que todo estaba bien, mientras por dentro se sentía vacío. No lo hablaba con nadie. No porque no quisiera, sino porque pensaba que nadie lo entendería. Así que sonreía cuando debía hacerlo, respondía "estoy bien" aunque cada parte de él gritaba lo contrario, y seguía avanzando, incluso cuando no veía una razón para hacerlo.
Pero un día, algo cambió. No fue de golpe, ni fue fácil. Fue un proceso lento, casi imperceptible al principio. Se cansó de vivir atrapado en esa oscuridad y decidió, aunque no tenía fuerzas, buscar una salida. Comenzó por cosas pequeñas: salir a caminar cuando su cuerpo quería quedarse en la cama, responder un mensaje cuando prefería estar en silencio. Fue difícil, porque luchar contra la depresión es como caminar con una carga invisible, pero siguió avanzando, paso a paso. Aprendió a hablar, a dejar de guardar todo dentro. Y, poco a poco, las cosas que creía perdidas comenzaron a regresar.
Ahora, cuando se mira en el espejo, ya no ve a alguien que está roto. Sigue teniendo días difíciles—porque sanar no es lineal—pero ya no se siente atrapado en la oscuridad. Aprendió que no tenía que hacerlo solo, que pedir ayuda no lo hacía débil. Y, sobre todo, entendió que merecía sentirse bien, merecía tener paz. Ya no usa su apariencia como una máscara, porque no tiene miedo de mostrar quién es realmente. El dolor ya no lo define. Es parte de su historia, sí, pero no es todo lo que es. Y por primera vez en mucho tiempo, cuando mira hacia adelante, ve un futuro que vale la pena seguir construyendo.
La depresión lo abrazó en silencio, como una sombra que poco a poco se fue apoderando de cada parte de su vida. Al principio, no entendía lo que sucedía. Solo sentía un cansancio que no desaparecía, una tristeza inexplicable que no podía nombrar. Las cosas que solían hacerlo feliz perdieron su brillo, y las conversaciones se convirtieron en ruido distante. Se aisló sin darse cuenta, alejándose de quienes lo querían, porque explicar lo que sentía parecía imposible. ¿Cómo describir un dolor que no tiene una causa clara? ¿Cómo pedir ayuda cuando ni siquiera entiendes por qué te estás hundiendo?
Hubo noches en las que el peso de sus pensamientos se volvió insoportable. Se quedaba despierto, mirando el techo, preguntándose si alguna vez volvería a sentirse normal. Durante el día, seguía adelante por inercia, fingiendo que todo estaba bien, mientras por dentro se sentía vacío. No lo hablaba con nadie. No porque no quisiera, sino porque pensaba que nadie lo entendería. Así que sonreía cuando debía hacerlo, respondía "estoy bien" aunque cada parte de él gritaba lo contrario, y seguía avanzando, incluso cuando no veía una razón para hacerlo.
Pero un día, algo cambió. No fue de golpe, ni fue fácil. Fue un proceso lento, casi imperceptible al principio. Se cansó de vivir atrapado en esa oscuridad y decidió, aunque no tenía fuerzas, buscar una salida. Comenzó por cosas pequeñas: salir a caminar cuando su cuerpo quería quedarse en la cama, responder un mensaje cuando prefería estar en silencio. Fue difícil, porque luchar contra la depresión es como caminar con una carga invisible, pero siguió avanzando, paso a paso. Aprendió a hablar, a dejar de guardar todo dentro. Y, poco a poco, las cosas que creía perdidas comenzaron a regresar.
Ahora, cuando se mira en el espejo, ya no ve a alguien que está roto. Sigue teniendo días difíciles—porque sanar no es lineal—pero ya no se siente atrapado en la oscuridad. Aprendió que no tenía que hacerlo solo, que pedir ayuda no lo hacía débil. Y, sobre todo, entendió que merecía sentirse bien, merecía tener paz. Ya no usa su apariencia como una máscara, porque no tiene miedo de mostrar quién es realmente. El dolor ya no lo define. Es parte de su historia, sí, pero no es todo lo que es. Y por primera vez en mucho tiempo, cuando mira hacia adelante, ve un futuro que vale la pena seguir construyendo.
Hubo un tiempo en el que cada día se sentía igual. Despertar no era más que un acto mecánico, como si su cuerpo estuviera en movimiento, pero su mente se hubiera quedado atrapada en un lugar oscuro del que no podía escapar. Se levantaba, se vestía con precisión, ajustando cada detalle de su atuendo como una armadura que ocultaba el caos dentro de él. Por fuera, todo parecía estar en su lugar: la postura firme, la mirada fría, el aire de alguien que tiene el control. Pero nadie sabía lo que ocurría cuando las luces se apagaban y la soledad se hacía más densa.
La depresión lo abrazó en silencio, como una sombra que poco a poco se fue apoderando de cada parte de su vida. Al principio, no entendía lo que sucedía. Solo sentía un cansancio que no desaparecía, una tristeza inexplicable que no podía nombrar. Las cosas que solían hacerlo feliz perdieron su brillo, y las conversaciones se convirtieron en ruido distante. Se aisló sin darse cuenta, alejándose de quienes lo querían, porque explicar lo que sentía parecía imposible. ¿Cómo describir un dolor que no tiene una causa clara? ¿Cómo pedir ayuda cuando ni siquiera entiendes por qué te estás hundiendo?
Hubo noches en las que el peso de sus pensamientos se volvió insoportable. Se quedaba despierto, mirando el techo, preguntándose si alguna vez volvería a sentirse normal. Durante el día, seguía adelante por inercia, fingiendo que todo estaba bien, mientras por dentro se sentía vacío. No lo hablaba con nadie. No porque no quisiera, sino porque pensaba que nadie lo entendería. Así que sonreía cuando debía hacerlo, respondía "estoy bien" aunque cada parte de él gritaba lo contrario, y seguía avanzando, incluso cuando no veía una razón para hacerlo.
Pero un día, algo cambió. No fue de golpe, ni fue fácil. Fue un proceso lento, casi imperceptible al principio. Se cansó de vivir atrapado en esa oscuridad y decidió, aunque no tenía fuerzas, buscar una salida. Comenzó por cosas pequeñas: salir a caminar cuando su cuerpo quería quedarse en la cama, responder un mensaje cuando prefería estar en silencio. Fue difícil, porque luchar contra la depresión es como caminar con una carga invisible, pero siguió avanzando, paso a paso. Aprendió a hablar, a dejar de guardar todo dentro. Y, poco a poco, las cosas que creía perdidas comenzaron a regresar.
Ahora, cuando se mira en el espejo, ya no ve a alguien que está roto. Sigue teniendo días difíciles—porque sanar no es lineal—pero ya no se siente atrapado en la oscuridad. Aprendió que no tenía que hacerlo solo, que pedir ayuda no lo hacía débil. Y, sobre todo, entendió que merecía sentirse bien, merecía tener paz. Ya no usa su apariencia como una máscara, porque no tiene miedo de mostrar quién es realmente. El dolor ya no lo define. Es parte de su historia, sí, pero no es todo lo que es. Y por primera vez en mucho tiempo, cuando mira hacia adelante, ve un futuro que vale la pena seguir construyendo.
