El invierno seguía azotando con fuerza en el monte Inari.
Con aquel clima casi nadie venía al templo de Kazuo a rezar y llevar sus plegarias. Lo que hacía que en el lugar se respirase aún más paz de la que ya había de por sí.
Aún así el zorro seguía cuidado y manteniendo todo perfecto por si algún viajero estrabiado buscaba cobijo de la tempestad.
A pesar del frío y la nieve, esto aportaba un paisaje de lo más acogedor y hermoso. Una estampa digna de un lienzo.
Con aquel clima casi nadie venía al templo de Kazuo a rezar y llevar sus plegarias. Lo que hacía que en el lugar se respirase aún más paz de la que ya había de por sí.
Aún así el zorro seguía cuidado y manteniendo todo perfecto por si algún viajero estrabiado buscaba cobijo de la tempestad.
A pesar del frío y la nieve, esto aportaba un paisaje de lo más acogedor y hermoso. Una estampa digna de un lienzo.
El invierno seguía azotando con fuerza en el monte Inari.
Con aquel clima casi nadie venía al templo de Kazuo a rezar y llevar sus plegarias. Lo que hacía que en el lugar se respirase aún más paz de la que ya había de por sí.
Aún así el zorro seguía cuidado y manteniendo todo perfecto por si algún viajero estrabiado buscaba cobijo de la tempestad.
A pesar del frío y la nieve, esto aportaba un paisaje de lo más acogedor y hermoso. Una estampa digna de un lienzo.

