Takeru caminaba por las calles en dirección al hotel de la Asociación Kengan, disfrutando del aire fresco de la noche. Se sentía relajado, con las manos en los bolsillos y la mente vagando sin preocupaciones. Pero entonces, las luces de una patrulla iluminaron un callejón cercano.

—Señor, deténgase un momento. —Una voz firme, con un acento apenas disimulado.

Takeru giró la cabeza. Cuatro hombres uniformados avanzaban hacia él. Algo en su postura no cuadraba.

—¿Qué pasa? —preguntó con su tono habitual, sin perder la calma.

Antes de que pudiera dar un paso atrás, sintió el impacto de un *teaser* en su costado. Un dolor agudo recorrió su cuerpo, sus músculos se tensaron involuntariamente y sus piernas fallaron por un instante.

Y en ese instante, ellos atacaron.

Golpes certeros con porras de acero impactaron contra su cuerpo, sin darle oportunidad de reaccionar. Un golpe en la pierna lo hizo caer de rodillas, otro en el hombro lo forzó a inclinarse. Se cubrió como pudo, pero la paliza fue metódica, precisa, como si hubieran estudiado cada punto débil de su cuerpo.

El dolor era intenso, pero su mente seguía despierta. No podía contar cuántos golpes había recibido, solo sabía que ninguno de ellos tenía la intención de matarlo. No todavía.

Cuando finalmente se detuvieron, uno de los hombres se agachó y le tomó del cabello, levantando su rostro con rudeza.

—La próxima vez que ignores nuestras advertencias, no saldrás caminando de aquí.

Takeru sonrió entre jadeos, escupiendo algo de sangre al suelo. Su voz sonó ronca, pero firme.

—Dile ésto... A tus jefes ... Por mi, "Maricas".

El ruso frunció el ceño y sin dudarlo le dio un fuerte golpe en la sien con la porra.

Su visión se nubló, su cuerpo cedió.

Lo último que escuchó antes de perder la conciencia fueron unas risas y el sonido de botas alejándose en la oscuridad.
Takeru caminaba por las calles en dirección al hotel de la Asociación Kengan, disfrutando del aire fresco de la noche. Se sentía relajado, con las manos en los bolsillos y la mente vagando sin preocupaciones. Pero entonces, las luces de una patrulla iluminaron un callejón cercano. —Señor, deténgase un momento. —Una voz firme, con un acento apenas disimulado. Takeru giró la cabeza. Cuatro hombres uniformados avanzaban hacia él. Algo en su postura no cuadraba. —¿Qué pasa? —preguntó con su tono habitual, sin perder la calma. Antes de que pudiera dar un paso atrás, sintió el impacto de un *teaser* en su costado. Un dolor agudo recorrió su cuerpo, sus músculos se tensaron involuntariamente y sus piernas fallaron por un instante. Y en ese instante, ellos atacaron. Golpes certeros con porras de acero impactaron contra su cuerpo, sin darle oportunidad de reaccionar. Un golpe en la pierna lo hizo caer de rodillas, otro en el hombro lo forzó a inclinarse. Se cubrió como pudo, pero la paliza fue metódica, precisa, como si hubieran estudiado cada punto débil de su cuerpo. El dolor era intenso, pero su mente seguía despierta. No podía contar cuántos golpes había recibido, solo sabía que ninguno de ellos tenía la intención de matarlo. No todavía. Cuando finalmente se detuvieron, uno de los hombres se agachó y le tomó del cabello, levantando su rostro con rudeza. —La próxima vez que ignores nuestras advertencias, no saldrás caminando de aquí. Takeru sonrió entre jadeos, escupiendo algo de sangre al suelo. Su voz sonó ronca, pero firme. —Dile ésto... A tus jefes ... Por mi, "Maricas". El ruso frunció el ceño y sin dudarlo le dio un fuerte golpe en la sien con la porra. Su visión se nubló, su cuerpo cedió. Lo último que escuchó antes de perder la conciencia fueron unas risas y el sonido de botas alejándose en la oscuridad.
Me shockea
Me endiabla
Me entristece
4
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