Estoy de vuelta.
Después de tanto tiempo, de tanto vagar por realidades donde el cielo ardía y el suelo susurraba secretos, la pradera sigue igual. Sigue intacta. Como si me hubiera estado esperando.
Camino descalzo por la hierba, sintiendo cada brizna bajo mis pies. El viento juega con mi cabello naranja, el sol brilla como si estuviera feliz de verme.
~ Bueno, ya volví. ¿Me extrañaste? ~
El viento silba como respuesta.
Sonrío.
Antes, cuando aún estaban los que me expulsaron, había reglas. Restricciones. Caminaba con cuidado, tenía que medir cada paso, asegurarme de no molestar demasiado.
Pero ya no están.
Ahora soy el único.
Puedo entrar y salir cuando quiera. No hay cadenas que me aten ni barreras que me detengan. Si un perdido cae aquí, lo ayudaré. Y si lo que necesita está más allá de este lugar, lo llevaré yo mismo.
Ya no hay nadie para decirme que no puedo.
Y eso… eso me hace reír.
~ Ah, esto es perfecto. ~
Levanto los brazos, estirándome como si me sacudiera los siglos de encima. Respiro profundo, como si llenara mis pulmones con el aroma de los recuerdos.
Esta es mi casa. Mi refugio.
Pero más que eso…
Es el hogar de los perdidos. Y yo estaré aquí para recibirlos. Siempre.
Después de tanto tiempo, de tanto vagar por realidades donde el cielo ardía y el suelo susurraba secretos, la pradera sigue igual. Sigue intacta. Como si me hubiera estado esperando.
Camino descalzo por la hierba, sintiendo cada brizna bajo mis pies. El viento juega con mi cabello naranja, el sol brilla como si estuviera feliz de verme.
~ Bueno, ya volví. ¿Me extrañaste? ~
El viento silba como respuesta.
Sonrío.
Antes, cuando aún estaban los que me expulsaron, había reglas. Restricciones. Caminaba con cuidado, tenía que medir cada paso, asegurarme de no molestar demasiado.
Pero ya no están.
Ahora soy el único.
Puedo entrar y salir cuando quiera. No hay cadenas que me aten ni barreras que me detengan. Si un perdido cae aquí, lo ayudaré. Y si lo que necesita está más allá de este lugar, lo llevaré yo mismo.
Ya no hay nadie para decirme que no puedo.
Y eso… eso me hace reír.
~ Ah, esto es perfecto. ~
Levanto los brazos, estirándome como si me sacudiera los siglos de encima. Respiro profundo, como si llenara mis pulmones con el aroma de los recuerdos.
Esta es mi casa. Mi refugio.
Pero más que eso…
Es el hogar de los perdidos. Y yo estaré aquí para recibirlos. Siempre.
Estoy de vuelta.
Después de tanto tiempo, de tanto vagar por realidades donde el cielo ardía y el suelo susurraba secretos, la pradera sigue igual. Sigue intacta. Como si me hubiera estado esperando.
Camino descalzo por la hierba, sintiendo cada brizna bajo mis pies. El viento juega con mi cabello naranja, el sol brilla como si estuviera feliz de verme.
~ Bueno, ya volví. ¿Me extrañaste? ~
El viento silba como respuesta.
Sonrío.
Antes, cuando aún estaban los que me expulsaron, había reglas. Restricciones. Caminaba con cuidado, tenía que medir cada paso, asegurarme de no molestar demasiado.
Pero ya no están.
Ahora soy el único.
Puedo entrar y salir cuando quiera. No hay cadenas que me aten ni barreras que me detengan. Si un perdido cae aquí, lo ayudaré. Y si lo que necesita está más allá de este lugar, lo llevaré yo mismo.
Ya no hay nadie para decirme que no puedo.
Y eso… eso me hace reír.
~ Ah, esto es perfecto. ~
Levanto los brazos, estirándome como si me sacudiera los siglos de encima. Respiro profundo, como si llenara mis pulmones con el aroma de los recuerdos.
Esta es mi casa. Mi refugio.
Pero más que eso…
Es el hogar de los perdidos. Y yo estaré aquí para recibirlos. Siempre.
