Finalmente, la casa es mía. Una construccion del siglo XIX, abandonado y en condiciones… cuestionables. Las paredes están cubiertas de polvo, la madera cruje con cada paso y algunas ventanas están rotas, dejando que el viento silbe entre las habitaciones vacías. Pero nada de eso me importa. No veo ruinas, veo potencial.

Camino por los pasillos oscuros, dejando que mis dedos rocen las viejas molduras. Puedo imaginar lo que fue este lugar en su época dorada: grandes salones iluminados, el murmullo de conversaciones elegantes, copas tintineando bajo candelabros resplandecientes. Ahora, todo está en silencio… pero no por mucho tiempo.

Imaginando cada detalle del lugar: las mesas bien dispuestas, el sonido de la porcelana y las copas de cristal, la música suave de fondo y, sobre todo, el aroma de mis mejores postres flotando en el aire.

"Aquí… aquí es donde todo comenzará. Donde cada persona que cruce la puerta podrá sentir el mismo cariño que pongo en cada receta."

Finalmente, la casa es mía. Una construccion del siglo XIX, abandonado y en condiciones… cuestionables. Las paredes están cubiertas de polvo, la madera cruje con cada paso y algunas ventanas están rotas, dejando que el viento silbe entre las habitaciones vacías. Pero nada de eso me importa. No veo ruinas, veo potencial. Camino por los pasillos oscuros, dejando que mis dedos rocen las viejas molduras. Puedo imaginar lo que fue este lugar en su época dorada: grandes salones iluminados, el murmullo de conversaciones elegantes, copas tintineando bajo candelabros resplandecientes. Ahora, todo está en silencio… pero no por mucho tiempo. Imaginando cada detalle del lugar: las mesas bien dispuestas, el sonido de la porcelana y las copas de cristal, la música suave de fondo y, sobre todo, el aroma de mis mejores postres flotando en el aire. "Aquí… aquí es donde todo comenzará. Donde cada persona que cruce la puerta podrá sentir el mismo cariño que pongo en cada receta."
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