La brisa nocturna despeinó su cabello mientras aterrizaba en la azotea con un giro acrobático, cayendo de pie con una gran sonrisa. La energía de su transformación se desvaneció en un destello, dejándolo nuevamente en su forma base. Se estiró con entusiasmo, sintiendo el cosquilleo de la emoción recorriéndole el cuerpo.
*"¡Ahhh, esto nunca se vuelve aburrido!"* dijo para sí mismo, sacudiéndose el polvo de la chaqueta.
Jimoto adoraba ser un héroe, no solo por las peleas épicas o las acrobacias impresionantes, sino por lo mejor de todo: ayudar a los demás. Sin perder un segundo, bajó de la azotea y comenzó su patrullaje con energía renovada.
Mientras caminaba por la ciudad, saludaba a la gente con una gran sonrisa, lanzaba cumplidos al azar (*"¡Buena chaqueta, señor! ¡Te queda genial, señora!"*), y hasta hacía malabares con una manzana que compró en un puesto callejero.
No tardó en encontrar su primer "rescate" de la noche: un niño con cara de preocupación buscando algo bajo un banco. Jimoto se agachó con una sonrisa. *"¿Qué pasó, campeón?"*
*"Perdí mi moneda… era de la suerte."*
*"¡Entonces es una misión importante! ¡Déjamelo a mí!"*
Con la determinación de un guerrero y la energía de un niño, Jimoto comenzó la búsqueda, revisando bajo el banco, en las grietas de la acera y hasta detrás de un arbusto cercano. Después de unos segundos, ¡bingo! La moneda brilló bajo la luz de una farola.
Jimoto la tomó y la sopló como si hubiera encontrado un tesoro legendario. *"Aquí tienes, joven aventurero. La suerte está de tu lado otra vez."*
El niño tomó la moneda con los ojos brillantes. *"¡Gracias, señor héroe!"*
Jimoto rió y le revolvió el cabello. *"¡Siempre a la orden! Pero dime ‘Jimoto’, que ‘señor héroe’ suena muy serio para mí, jaja."*
Con una última sonrisa, siguió su camino, listo para la siguiente persona que necesitara una mano. Para Jimoto, ser un superhéroe no era solo salvar el día… era hacer que cada día fuera un poco mejor para alguien.
*"¡Ahhh, esto nunca se vuelve aburrido!"* dijo para sí mismo, sacudiéndose el polvo de la chaqueta.
Jimoto adoraba ser un héroe, no solo por las peleas épicas o las acrobacias impresionantes, sino por lo mejor de todo: ayudar a los demás. Sin perder un segundo, bajó de la azotea y comenzó su patrullaje con energía renovada.
Mientras caminaba por la ciudad, saludaba a la gente con una gran sonrisa, lanzaba cumplidos al azar (*"¡Buena chaqueta, señor! ¡Te queda genial, señora!"*), y hasta hacía malabares con una manzana que compró en un puesto callejero.
No tardó en encontrar su primer "rescate" de la noche: un niño con cara de preocupación buscando algo bajo un banco. Jimoto se agachó con una sonrisa. *"¿Qué pasó, campeón?"*
*"Perdí mi moneda… era de la suerte."*
*"¡Entonces es una misión importante! ¡Déjamelo a mí!"*
Con la determinación de un guerrero y la energía de un niño, Jimoto comenzó la búsqueda, revisando bajo el banco, en las grietas de la acera y hasta detrás de un arbusto cercano. Después de unos segundos, ¡bingo! La moneda brilló bajo la luz de una farola.
Jimoto la tomó y la sopló como si hubiera encontrado un tesoro legendario. *"Aquí tienes, joven aventurero. La suerte está de tu lado otra vez."*
El niño tomó la moneda con los ojos brillantes. *"¡Gracias, señor héroe!"*
Jimoto rió y le revolvió el cabello. *"¡Siempre a la orden! Pero dime ‘Jimoto’, que ‘señor héroe’ suena muy serio para mí, jaja."*
Con una última sonrisa, siguió su camino, listo para la siguiente persona que necesitara una mano. Para Jimoto, ser un superhéroe no era solo salvar el día… era hacer que cada día fuera un poco mejor para alguien.
La brisa nocturna despeinó su cabello mientras aterrizaba en la azotea con un giro acrobático, cayendo de pie con una gran sonrisa. La energía de su transformación se desvaneció en un destello, dejándolo nuevamente en su forma base. Se estiró con entusiasmo, sintiendo el cosquilleo de la emoción recorriéndole el cuerpo.
*"¡Ahhh, esto nunca se vuelve aburrido!"* dijo para sí mismo, sacudiéndose el polvo de la chaqueta.
Jimoto adoraba ser un héroe, no solo por las peleas épicas o las acrobacias impresionantes, sino por lo mejor de todo: ayudar a los demás. Sin perder un segundo, bajó de la azotea y comenzó su patrullaje con energía renovada.
Mientras caminaba por la ciudad, saludaba a la gente con una gran sonrisa, lanzaba cumplidos al azar (*"¡Buena chaqueta, señor! ¡Te queda genial, señora!"*), y hasta hacía malabares con una manzana que compró en un puesto callejero.
No tardó en encontrar su primer "rescate" de la noche: un niño con cara de preocupación buscando algo bajo un banco. Jimoto se agachó con una sonrisa. *"¿Qué pasó, campeón?"*
*"Perdí mi moneda… era de la suerte."*
*"¡Entonces es una misión importante! ¡Déjamelo a mí!"*
Con la determinación de un guerrero y la energía de un niño, Jimoto comenzó la búsqueda, revisando bajo el banco, en las grietas de la acera y hasta detrás de un arbusto cercano. Después de unos segundos, ¡bingo! La moneda brilló bajo la luz de una farola.
Jimoto la tomó y la sopló como si hubiera encontrado un tesoro legendario. *"Aquí tienes, joven aventurero. La suerte está de tu lado otra vez."*
El niño tomó la moneda con los ojos brillantes. *"¡Gracias, señor héroe!"*
Jimoto rió y le revolvió el cabello. *"¡Siempre a la orden! Pero dime ‘Jimoto’, que ‘señor héroe’ suena muy serio para mí, jaja."*
Con una última sonrisa, siguió su camino, listo para la siguiente persona que necesitara una mano. Para Jimoto, ser un superhéroe no era solo salvar el día… era hacer que cada día fuera un poco mejor para alguien.
