Los pasillos del hotel estaban casi vacíos a esa hora. Solo algunos trabajadores y unos pocos peleadores caminaban en silencio, preparándose mentalmente para lo que vendría. Takeru avanzaba con calma, las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir negro, aún saboreando el desayuno que acababa de comer.
Pero entonces, su paso se detuvo.
Frente a él, bloqueando el pasillo, había un hombre alto y corpulento, vestido con un traje oscuro. El tipo tenía el pelo rubio corto, cicatrices en los nudillos y una mirada fría.
—Takeru Arakawa. —Su japonés tenía un leve acento extranjero. Ruso, sin duda.
Takeru lo miró con desinterés.
—¿Y tú quién se supone que eres?
El ruso sonrió de lado.
—Solo alguien con un mensaje. La oferta sigue en pie. Puedes cooperar con nosotros… o podemos asegurarnos de que tu alumno no pase de la primera ronda.
Takeru suspiró, rascándose la nuca.
—En serio, qué decepción… ya ni siquiera tienen la decencia de hacer estas amenazas de frente.
El ruso frunció el ceño.
—No estás en posición de—
No terminó la frase. Su puño ya estaba en camino, buscando la mandíbula de Takeru con una rapidez sorprendente para su tamaño. Pero Takeru ni siquiera parecía tomárselo en serio. Con un mínimo movimiento de cabeza, esquivó el golpe por centímetros.
El ruso apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el derechazo de Takeru estrellarse contra su rostro. Un golpe seco, directo, ejecutado con una precisión quirúrgica. El impacto fue suficiente para hacer que el gigante diera dos pasos hacia atrás, tambaleándose.
Takeru dejó escapar un suspiro.
—Si esto es lo mejor que tienen, deberían replantearse su negocio de seguridad.
El ruso lo miró con rabia, pero no avanzó. Sabía que otro ataque terminaría peor para él.
—Dile a tu jefe que no me interesa su oferta. —Takeru se dio media vuelta, metiendo las manos en los bolsillos otra vez—. Y la próxima vez, mándame a alguien que al menos pueda hacerme calentar.
Sin decir más, siguió su camino, mientras el ruso se quedaba ahí, sosteniéndose la mandíbula con una expresión de pura frustración.
Pero entonces, su paso se detuvo.
Frente a él, bloqueando el pasillo, había un hombre alto y corpulento, vestido con un traje oscuro. El tipo tenía el pelo rubio corto, cicatrices en los nudillos y una mirada fría.
—Takeru Arakawa. —Su japonés tenía un leve acento extranjero. Ruso, sin duda.
Takeru lo miró con desinterés.
—¿Y tú quién se supone que eres?
El ruso sonrió de lado.
—Solo alguien con un mensaje. La oferta sigue en pie. Puedes cooperar con nosotros… o podemos asegurarnos de que tu alumno no pase de la primera ronda.
Takeru suspiró, rascándose la nuca.
—En serio, qué decepción… ya ni siquiera tienen la decencia de hacer estas amenazas de frente.
El ruso frunció el ceño.
—No estás en posición de—
No terminó la frase. Su puño ya estaba en camino, buscando la mandíbula de Takeru con una rapidez sorprendente para su tamaño. Pero Takeru ni siquiera parecía tomárselo en serio. Con un mínimo movimiento de cabeza, esquivó el golpe por centímetros.
El ruso apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el derechazo de Takeru estrellarse contra su rostro. Un golpe seco, directo, ejecutado con una precisión quirúrgica. El impacto fue suficiente para hacer que el gigante diera dos pasos hacia atrás, tambaleándose.
Takeru dejó escapar un suspiro.
—Si esto es lo mejor que tienen, deberían replantearse su negocio de seguridad.
El ruso lo miró con rabia, pero no avanzó. Sabía que otro ataque terminaría peor para él.
—Dile a tu jefe que no me interesa su oferta. —Takeru se dio media vuelta, metiendo las manos en los bolsillos otra vez—. Y la próxima vez, mándame a alguien que al menos pueda hacerme calentar.
Sin decir más, siguió su camino, mientras el ruso se quedaba ahí, sosteniéndose la mandíbula con una expresión de pura frustración.
Los pasillos del hotel estaban casi vacíos a esa hora. Solo algunos trabajadores y unos pocos peleadores caminaban en silencio, preparándose mentalmente para lo que vendría. Takeru avanzaba con calma, las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir negro, aún saboreando el desayuno que acababa de comer.
Pero entonces, su paso se detuvo.
Frente a él, bloqueando el pasillo, había un hombre alto y corpulento, vestido con un traje oscuro. El tipo tenía el pelo rubio corto, cicatrices en los nudillos y una mirada fría.
—Takeru Arakawa. —Su japonés tenía un leve acento extranjero. Ruso, sin duda.
Takeru lo miró con desinterés.
—¿Y tú quién se supone que eres?
El ruso sonrió de lado.
—Solo alguien con un mensaje. La oferta sigue en pie. Puedes cooperar con nosotros… o podemos asegurarnos de que tu alumno no pase de la primera ronda.
Takeru suspiró, rascándose la nuca.
—En serio, qué decepción… ya ni siquiera tienen la decencia de hacer estas amenazas de frente.
El ruso frunció el ceño.
—No estás en posición de—
No terminó la frase. Su puño ya estaba en camino, buscando la mandíbula de Takeru con una rapidez sorprendente para su tamaño. Pero Takeru ni siquiera parecía tomárselo en serio. Con un mínimo movimiento de cabeza, esquivó el golpe por centímetros.
El ruso apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el derechazo de Takeru estrellarse contra su rostro. Un golpe seco, directo, ejecutado con una precisión quirúrgica. El impacto fue suficiente para hacer que el gigante diera dos pasos hacia atrás, tambaleándose.
Takeru dejó escapar un suspiro.
—Si esto es lo mejor que tienen, deberían replantearse su negocio de seguridad.
El ruso lo miró con rabia, pero no avanzó. Sabía que otro ataque terminaría peor para él.
—Dile a tu jefe que no me interesa su oferta. —Takeru se dio media vuelta, metiendo las manos en los bolsillos otra vez—. Y la próxima vez, mándame a alguien que al menos pueda hacerme calentar.
Sin decir más, siguió su camino, mientras el ruso se quedaba ahí, sosteniéndose la mandíbula con una expresión de pura frustración.


