La vulnerabilidad viene de muchas maneras, ya sea con nombre y apellido, con una ubicación geográfica, con una tonada, un toque, un aroma.
En mi caso, se ha vuelto un agradable conjunto de todo. Un murmullo suave en la madrugada, el roce de unos dedos en mi muñeca cuando menos lo espero, la calidez de una voz que pronuncia mi nombre sin prisas, como si cada sílaba valiera la pena ser saboreada.
Ohime.
Es curioso cómo alguien puede convertirse en el epicentro de tu fragilidad sin siquiera intentarlo. Antes, mi soledad era mi escudo, mi refugio. Ahora, en su ausencia, me descubro inquieto, con la absurda certeza de que he dejado de pertenecer solo a mí mismo.
Porque si la vulnerabilidad tiene un nombre, el mío se lo susurra a ella.
En mi caso, se ha vuelto un agradable conjunto de todo. Un murmullo suave en la madrugada, el roce de unos dedos en mi muñeca cuando menos lo espero, la calidez de una voz que pronuncia mi nombre sin prisas, como si cada sílaba valiera la pena ser saboreada.
Ohime.
Es curioso cómo alguien puede convertirse en el epicentro de tu fragilidad sin siquiera intentarlo. Antes, mi soledad era mi escudo, mi refugio. Ahora, en su ausencia, me descubro inquieto, con la absurda certeza de que he dejado de pertenecer solo a mí mismo.
Porque si la vulnerabilidad tiene un nombre, el mío se lo susurra a ella.
La vulnerabilidad viene de muchas maneras, ya sea con nombre y apellido, con una ubicación geográfica, con una tonada, un toque, un aroma.
En mi caso, se ha vuelto un agradable conjunto de todo. Un murmullo suave en la madrugada, el roce de unos dedos en mi muñeca cuando menos lo espero, la calidez de una voz que pronuncia mi nombre sin prisas, como si cada sílaba valiera la pena ser saboreada.
Ohime.
Es curioso cómo alguien puede convertirse en el epicentro de tu fragilidad sin siquiera intentarlo. Antes, mi soledad era mi escudo, mi refugio. Ahora, en su ausencia, me descubro inquieto, con la absurda certeza de que he dejado de pertenecer solo a mí mismo.
Porque si la vulnerabilidad tiene un nombre, el mío se lo susurra a ella.

