El ambiente en la sala era denso, como siempre. Empresarios de todo tipo ocupaban sus asientos alrededor de la gran mesa, algunos con expresión serena, otros mostrando sonrisas calculadas. Los pesos pesados del Torneo Kengan estaban allí, listos para decidir los enfrentamientos.
Takeru Arakawa se acomodó en su asiento con la misma actitud despreocupada de siempre, cruzando los brazos y recargando la espalda contra la silla. A su lado, otros empresarios intercambiaban miradas tensas, pero él solo miraba la pantalla donde aparecían los nombres de los combatientes.
Uno a uno, los emparejamientos comenzaron a definirse. Peleadores con experiencia, monstruos ya probados en combate, y algunas caras nuevas que prometían sorpresas.
Entonces, el último combate apareció en la pantalla.
Takeru exhaló por la nariz, sin mostrar ninguna reacción evidente. En la mesa, algunos empresarios se miraron entre sí, como si esperaran alguna respuesta de su parte.
Al final, simplemente sonrió de lado y se encogió de hombros.
—Último, ¿eh? —murmuró, más para sí mismo que para los demás.
Un empresario cercano, con una mirada curiosa, se inclinó un poco hacia él.
—¿Te molesta?
Takeru giró la cabeza levemente, con una expresión tranquila.
—¿Molestarme? Nah. —Apoyó un codo en la mesa y sonrió con calma—. Solo espero que mi chico no se quede dormido antes de su pelea.
Algunos rieron, otros mantuvieron su expresión seria. Fuera casualidad o no, el hecho de que su alumno fuera el último combate no le pasaba desapercibido. Pero en lugar de mostrarse incómodo, Takeru simplemente se recostó en su asiento y esperó a que todo terminara.
Él ya había tomado su decisión. Lo que viniera después, lo enfrentaría como siempre lo había hecho.
Con una sonrisa y los puños listos.
Takeru Arakawa se acomodó en su asiento con la misma actitud despreocupada de siempre, cruzando los brazos y recargando la espalda contra la silla. A su lado, otros empresarios intercambiaban miradas tensas, pero él solo miraba la pantalla donde aparecían los nombres de los combatientes.
Uno a uno, los emparejamientos comenzaron a definirse. Peleadores con experiencia, monstruos ya probados en combate, y algunas caras nuevas que prometían sorpresas.
Entonces, el último combate apareció en la pantalla.
Takeru exhaló por la nariz, sin mostrar ninguna reacción evidente. En la mesa, algunos empresarios se miraron entre sí, como si esperaran alguna respuesta de su parte.
Al final, simplemente sonrió de lado y se encogió de hombros.
—Último, ¿eh? —murmuró, más para sí mismo que para los demás.
Un empresario cercano, con una mirada curiosa, se inclinó un poco hacia él.
—¿Te molesta?
Takeru giró la cabeza levemente, con una expresión tranquila.
—¿Molestarme? Nah. —Apoyó un codo en la mesa y sonrió con calma—. Solo espero que mi chico no se quede dormido antes de su pelea.
Algunos rieron, otros mantuvieron su expresión seria. Fuera casualidad o no, el hecho de que su alumno fuera el último combate no le pasaba desapercibido. Pero en lugar de mostrarse incómodo, Takeru simplemente se recostó en su asiento y esperó a que todo terminara.
Él ya había tomado su decisión. Lo que viniera después, lo enfrentaría como siempre lo había hecho.
Con una sonrisa y los puños listos.
El ambiente en la sala era denso, como siempre. Empresarios de todo tipo ocupaban sus asientos alrededor de la gran mesa, algunos con expresión serena, otros mostrando sonrisas calculadas. Los pesos pesados del Torneo Kengan estaban allí, listos para decidir los enfrentamientos.
Takeru Arakawa se acomodó en su asiento con la misma actitud despreocupada de siempre, cruzando los brazos y recargando la espalda contra la silla. A su lado, otros empresarios intercambiaban miradas tensas, pero él solo miraba la pantalla donde aparecían los nombres de los combatientes.
Uno a uno, los emparejamientos comenzaron a definirse. Peleadores con experiencia, monstruos ya probados en combate, y algunas caras nuevas que prometían sorpresas.
Entonces, el último combate apareció en la pantalla.
Takeru exhaló por la nariz, sin mostrar ninguna reacción evidente. En la mesa, algunos empresarios se miraron entre sí, como si esperaran alguna respuesta de su parte.
Al final, simplemente sonrió de lado y se encogió de hombros.
—Último, ¿eh? —murmuró, más para sí mismo que para los demás.
Un empresario cercano, con una mirada curiosa, se inclinó un poco hacia él.
—¿Te molesta?
Takeru giró la cabeza levemente, con una expresión tranquila.
—¿Molestarme? Nah. —Apoyó un codo en la mesa y sonrió con calma—. Solo espero que mi chico no se quede dormido antes de su pelea.
Algunos rieron, otros mantuvieron su expresión seria. Fuera casualidad o no, el hecho de que su alumno fuera el último combate no le pasaba desapercibido. Pero en lugar de mostrarse incómodo, Takeru simplemente se recostó en su asiento y esperó a que todo terminara.
Él ya había tomado su decisión. Lo que viniera después, lo enfrentaría como siempre lo había hecho.
Con una sonrisa y los puños listos.

