—… Ah.
—Sabía que tarde o temprano alguno de ustedes, Monarcas egoístas harían esto.
—Pero atacar a un perdido directamente… eso es un error.
—Y uno que no pienso dejar pasar.
La pradera onírica se distorsiona, como si la misma realidad dudara de su propia existencia. La forma de Ghost, antes la de un joven pelinaranja de ojos azules y sonrisa juguetona, comienza a desmoronarse como cenizas en el viento.
Algo más grande se despierta dentro de él.
Su piel se oscurece, tornándose de un negro profundo como el vacío entre las estrellas. Sus músculos se expanden, su silueta se alarga, y de su espalda emergen alas rasgadas, semejantes a las de un demonio olvidado por el tiempo. Sus ojos, antes brillantes y amigables, se convierten en dos resplandores azules, gélidos, insondables.
Sus cuernos curvados se elevan como guadañas.
Sus garras, afiladas como filos de obsidiana, vibran con una energía imposible de definir.
Pero lo peor no es su apariencia.
Lo peor es la sensación.
Como si, en este instante, todo lo que existe estuviera a un paso de ser arrancado del tejido del universo.
—Déjalo ir.
La voz de Ghost ya no es una simple voz. Es un murmullo y un trueno al mismo tiempo. Es un eco de algo que nunca debió ser oído por oídos mortales.
El ser de con armadura, que antes se mostraba tan imponente, vacila.
Retrocede.
Pero Ghost no se mueve.
No necesita moverse.
Porque su sola presencia es suficiente para recordarle al atacante una verdad fundamental:
Ghost no es solo un guía.
No es solo un interdimensional entrometido.
Es algo que los suyos nunca debieron desafiar.
—Última oportunidad.
—Lárgate.
—Sabía que tarde o temprano alguno de ustedes, Monarcas egoístas harían esto.
—Pero atacar a un perdido directamente… eso es un error.
—Y uno que no pienso dejar pasar.
La pradera onírica se distorsiona, como si la misma realidad dudara de su propia existencia. La forma de Ghost, antes la de un joven pelinaranja de ojos azules y sonrisa juguetona, comienza a desmoronarse como cenizas en el viento.
Algo más grande se despierta dentro de él.
Su piel se oscurece, tornándose de un negro profundo como el vacío entre las estrellas. Sus músculos se expanden, su silueta se alarga, y de su espalda emergen alas rasgadas, semejantes a las de un demonio olvidado por el tiempo. Sus ojos, antes brillantes y amigables, se convierten en dos resplandores azules, gélidos, insondables.
Sus cuernos curvados se elevan como guadañas.
Sus garras, afiladas como filos de obsidiana, vibran con una energía imposible de definir.
Pero lo peor no es su apariencia.
Lo peor es la sensación.
Como si, en este instante, todo lo que existe estuviera a un paso de ser arrancado del tejido del universo.
—Déjalo ir.
La voz de Ghost ya no es una simple voz. Es un murmullo y un trueno al mismo tiempo. Es un eco de algo que nunca debió ser oído por oídos mortales.
El ser de con armadura, que antes se mostraba tan imponente, vacila.
Retrocede.
Pero Ghost no se mueve.
No necesita moverse.
Porque su sola presencia es suficiente para recordarle al atacante una verdad fundamental:
Ghost no es solo un guía.
No es solo un interdimensional entrometido.
Es algo que los suyos nunca debieron desafiar.
—Última oportunidad.
—Lárgate.
—… Ah.
—Sabía que tarde o temprano alguno de ustedes, Monarcas egoístas harían esto.
—Pero atacar a un perdido directamente… eso es un error.
—Y uno que no pienso dejar pasar.
La pradera onírica se distorsiona, como si la misma realidad dudara de su propia existencia. La forma de Ghost, antes la de un joven pelinaranja de ojos azules y sonrisa juguetona, comienza a desmoronarse como cenizas en el viento.
Algo más grande se despierta dentro de él.
Su piel se oscurece, tornándose de un negro profundo como el vacío entre las estrellas. Sus músculos se expanden, su silueta se alarga, y de su espalda emergen alas rasgadas, semejantes a las de un demonio olvidado por el tiempo. Sus ojos, antes brillantes y amigables, se convierten en dos resplandores azules, gélidos, insondables.
Sus cuernos curvados se elevan como guadañas.
Sus garras, afiladas como filos de obsidiana, vibran con una energía imposible de definir.
Pero lo peor no es su apariencia.
Lo peor es la sensación.
Como si, en este instante, todo lo que existe estuviera a un paso de ser arrancado del tejido del universo.
—Déjalo ir.
La voz de Ghost ya no es una simple voz. Es un murmullo y un trueno al mismo tiempo. Es un eco de algo que nunca debió ser oído por oídos mortales.
El ser de con armadura, que antes se mostraba tan imponente, vacila.
Retrocede.
Pero Ghost no se mueve.
No necesita moverse.
Porque su sola presencia es suficiente para recordarle al atacante una verdad fundamental:
Ghost no es solo un guía.
No es solo un interdimensional entrometido.
Es algo que los suyos nunca debieron desafiar.
—Última oportunidad.
—Lárgate.
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