La decisión está tomada.
Mientras estiro la masa con movimientos precisos, mi mente se llena de planes. Abriré mi propio restaurante de postres. Un lugar donde cada bocado sea una experiencia inolvidable.
Tomo un cuchillo afilado y corto la masa con cuidado, moldeando pétalo tras pétalo. Pronto, la tarta frutal frente a mí comienza a parecerse a un girasol, con su centro punteado y sus hojas perfectamente dispuestas. La observo por un momento, satisfecho con el resultado.
Pero hay mucho por hacer.
Necesito un local, pensar en los permisos, diseñar el menú… ¿Cómo quiero que sea el ambiente? ¿Acogedor y rústico o elegante y moderno? La idea de un rincón con luz cálida y vitrinas llenas de mis mejores creaciones me resulta atractiva.
Deslizo la tarta al horno y respiro hondo.
Este es solo el primer paso. Pero si hay algo que sé, es que cuando se trata de dulces… siempre vale la pena esperar el tiempo justo para que todo quede en su punto.
Mientras estiro la masa con movimientos precisos, mi mente se llena de planes. Abriré mi propio restaurante de postres. Un lugar donde cada bocado sea una experiencia inolvidable.
Tomo un cuchillo afilado y corto la masa con cuidado, moldeando pétalo tras pétalo. Pronto, la tarta frutal frente a mí comienza a parecerse a un girasol, con su centro punteado y sus hojas perfectamente dispuestas. La observo por un momento, satisfecho con el resultado.
Pero hay mucho por hacer.
Necesito un local, pensar en los permisos, diseñar el menú… ¿Cómo quiero que sea el ambiente? ¿Acogedor y rústico o elegante y moderno? La idea de un rincón con luz cálida y vitrinas llenas de mis mejores creaciones me resulta atractiva.
Deslizo la tarta al horno y respiro hondo.
Este es solo el primer paso. Pero si hay algo que sé, es que cuando se trata de dulces… siempre vale la pena esperar el tiempo justo para que todo quede en su punto.
La decisión está tomada.
Mientras estiro la masa con movimientos precisos, mi mente se llena de planes. Abriré mi propio restaurante de postres. Un lugar donde cada bocado sea una experiencia inolvidable.
Tomo un cuchillo afilado y corto la masa con cuidado, moldeando pétalo tras pétalo. Pronto, la tarta frutal frente a mí comienza a parecerse a un girasol, con su centro punteado y sus hojas perfectamente dispuestas. La observo por un momento, satisfecho con el resultado.
Pero hay mucho por hacer.
Necesito un local, pensar en los permisos, diseñar el menú… ¿Cómo quiero que sea el ambiente? ¿Acogedor y rústico o elegante y moderno? La idea de un rincón con luz cálida y vitrinas llenas de mis mejores creaciones me resulta atractiva.
Deslizo la tarta al horno y respiro hondo.
Este es solo el primer paso. Pero si hay algo que sé, es que cuando se trata de dulces… siempre vale la pena esperar el tiempo justo para que todo quede en su punto.