La medianoche me encuentra en la cocina, con las mangas remangadas y las manos impregnadas del aroma dulce de la manteca. La masa se siente suave entre mis dedos mientras moldeo cada galleta con cuidado, y el glaseado, en tonos rosados y dorados, se extiende con precisión sobre la superficie, dibujando patrones florales casi sin darme cuenta.

Mientras trabajo, mi mente se pierde en un pensamiento recurrente: abrir mi propio negocio. ¿Debería ser una pastelería acogedora, donde la gente venga a disfrutar de un dulce y una conversación? ¿O tal vez una cafetería elegante con postres exquisitos? Incluso me tienta la idea de un restaurante dedicado solo a los dulces, un lugar donde cada plato sea una experiencia.

Suspiro y, con la espátula en mano, doy los últimos toques al glaseado.

—No estaría mal... —murmuro para mí mismo, imaginando el sonido de las tazas al chocar suavemente, el murmullo de los clientes disfrutando de mis creaciones, el aire impregnado de azúcar y especias.

Tomo una galleta y le doy un pequeño mordisco. La textura perfecta, el sabor justo. Sonrío. Quizás ese sueño no esté tan lejos después de todo.
La medianoche me encuentra en la cocina, con las mangas remangadas y las manos impregnadas del aroma dulce de la manteca. La masa se siente suave entre mis dedos mientras moldeo cada galleta con cuidado, y el glaseado, en tonos rosados y dorados, se extiende con precisión sobre la superficie, dibujando patrones florales casi sin darme cuenta. Mientras trabajo, mi mente se pierde en un pensamiento recurrente: abrir mi propio negocio. ¿Debería ser una pastelería acogedora, donde la gente venga a disfrutar de un dulce y una conversación? ¿O tal vez una cafetería elegante con postres exquisitos? Incluso me tienta la idea de un restaurante dedicado solo a los dulces, un lugar donde cada plato sea una experiencia. Suspiro y, con la espátula en mano, doy los últimos toques al glaseado. —No estaría mal... —murmuro para mí mismo, imaginando el sonido de las tazas al chocar suavemente, el murmullo de los clientes disfrutando de mis creaciones, el aire impregnado de azúcar y especias. Tomo una galleta y le doy un pequeño mordisco. La textura perfecta, el sabor justo. Sonrío. Quizás ese sueño no esté tan lejos después de todo.
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