— Oh-... Está lloviendo. —

Como miles de pequeñas lanzas luminosas, las gotas de lluvia comenzaban a azotar la ciudad. Desde el piso alto del departamento y asomada por la ventana, Sada se había quedado apoyada en el sofá. Miraba semejante panorama, fascinada.

— A esta altura casi no llega el olor a petricor, qué lástima. —
— Oh-... Está lloviendo. — Como miles de pequeñas lanzas luminosas, las gotas de lluvia comenzaban a azotar la ciudad. Desde el piso alto del departamento y asomada por la ventana, Sada se había quedado apoyada en el sofá. Miraba semejante panorama, fascinada. — A esta altura casi no llega el olor a petricor, qué lástima. —
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