Apolo descendió del Olimpo con una mezcla de hastío y desdén, sintiendo una vez más que ese lugar jamás sería su verdadero hogar. Su gente, su propia sangre, seguía sin entenderlo, sin aceptar que él no era como ellos. La traición, la exclusión, la falta de comprensión… eran cicatrices que no desaparecerían.
Sus hermanas podían llamarlo exagerado, obsesivo o lo que quisieran, pero ninguna entendía el vínculo que lo unía a Ellie. No se trataba solo de amor, era algo más profundo, más instintivo, casi divino, algo sagrado. No podía estar tantas horas sin ella sin que su cuerpo lo resintiera, sin que su mente se nublara. Y aún así, lo juzgaban, lo atacaban como si él fuera el culpable por simplemente seguir lo que su propia naturaleza le dictaba. Pretendían que pidiera perdón, pero él era el Dios de la verdad y nunca mentía.
El aire de la Tierra le resultó un alivio. La brisa, los sonidos lejanos de la ciudad… aquí sí podía respirar, aquí tenía algo real.
Se dirigió directamente hacia Ellie, encontrándola con solo seguir el latido de su esencia en su interior. Apenas la vio, toda la tensión acumulada en su pecho comenzó a disiparse.
— Si tan solo supieras lo insoportable que puede llegar a ser esa gente… — murmuró, envolviéndola en sus brazos y respirando profundamente su aroma.
Aquí era donde realmente pertenecía. No en el Olimpo, no entre quienes lo veían como uno más como un niño, mal criado cuando precisamente era todo lo contrario, las infantiles e inmaduras eran ellas. Solo Ellie era su verdadero hogar.
Sus hermanas podían llamarlo exagerado, obsesivo o lo que quisieran, pero ninguna entendía el vínculo que lo unía a Ellie. No se trataba solo de amor, era algo más profundo, más instintivo, casi divino, algo sagrado. No podía estar tantas horas sin ella sin que su cuerpo lo resintiera, sin que su mente se nublara. Y aún así, lo juzgaban, lo atacaban como si él fuera el culpable por simplemente seguir lo que su propia naturaleza le dictaba. Pretendían que pidiera perdón, pero él era el Dios de la verdad y nunca mentía.
El aire de la Tierra le resultó un alivio. La brisa, los sonidos lejanos de la ciudad… aquí sí podía respirar, aquí tenía algo real.
Se dirigió directamente hacia Ellie, encontrándola con solo seguir el latido de su esencia en su interior. Apenas la vio, toda la tensión acumulada en su pecho comenzó a disiparse.
— Si tan solo supieras lo insoportable que puede llegar a ser esa gente… — murmuró, envolviéndola en sus brazos y respirando profundamente su aroma.
Aquí era donde realmente pertenecía. No en el Olimpo, no entre quienes lo veían como uno más como un niño, mal criado cuando precisamente era todo lo contrario, las infantiles e inmaduras eran ellas. Solo Ellie era su verdadero hogar.
Apolo descendió del Olimpo con una mezcla de hastío y desdén, sintiendo una vez más que ese lugar jamás sería su verdadero hogar. Su gente, su propia sangre, seguía sin entenderlo, sin aceptar que él no era como ellos. La traición, la exclusión, la falta de comprensión… eran cicatrices que no desaparecerían.
Sus hermanas podían llamarlo exagerado, obsesivo o lo que quisieran, pero ninguna entendía el vínculo que lo unía a Ellie. No se trataba solo de amor, era algo más profundo, más instintivo, casi divino, algo sagrado. No podía estar tantas horas sin ella sin que su cuerpo lo resintiera, sin que su mente se nublara. Y aún así, lo juzgaban, lo atacaban como si él fuera el culpable por simplemente seguir lo que su propia naturaleza le dictaba. Pretendían que pidiera perdón, pero él era el Dios de la verdad y nunca mentía.
El aire de la Tierra le resultó un alivio. La brisa, los sonidos lejanos de la ciudad… aquí sí podía respirar, aquí tenía algo real.
Se dirigió directamente hacia Ellie, encontrándola con solo seguir el latido de su esencia en su interior. Apenas la vio, toda la tensión acumulada en su pecho comenzó a disiparse.
— Si tan solo supieras lo insoportable que puede llegar a ser esa gente… — murmuró, envolviéndola en sus brazos y respirando profundamente su aroma.
Aquí era donde realmente pertenecía. No en el Olimpo, no entre quienes lo veían como uno más como un niño, mal criado cuando precisamente era todo lo contrario, las infantiles e inmaduras eran ellas. Solo Ellie era su verdadero hogar.

