Los ojos de Rhanya estaban fijos en los de Kheryan. Se empezó a acercar hacia aquella majestuosa criatura, y extendió su mano hacia el rostro del dragón. Lo acarició por encima de su nariz, había podido llegar gracias a que este se había agachado a la altura de la Reina.
Era notable la conexión de ambos, incluso impresionante. No solo se debía a la sangre, sinó a que la monarca no solo trató a Kheryan como un dragón al que podía jinetear, sinó como un amigo. Ella le hablaba todos los días en su lengua materna -el Alto Valyrio- para que el animal pueda entenderla.
Su Majestad sabía perfectamente que iba a morir junto a su mejor amigo peleando guerras desde el cielo. Y si era honesta, no podía imaginar una mejor forma de fallecimiento que esa.

— Avy jorrāelan, Kheryan.
Los ojos de Rhanya estaban fijos en los de Kheryan. Se empezó a acercar hacia aquella majestuosa criatura, y extendió su mano hacia el rostro del dragón. Lo acarició por encima de su nariz, había podido llegar gracias a que este se había agachado a la altura de la Reina. Era notable la conexión de ambos, incluso impresionante. No solo se debía a la sangre, sinó a que la monarca no solo trató a Kheryan como un dragón al que podía jinetear, sinó como un amigo. Ella le hablaba todos los días en su lengua materna -el Alto Valyrio- para que el animal pueda entenderla. Su Majestad sabía perfectamente que iba a morir junto a su mejor amigo peleando guerras desde el cielo. Y si era honesta, no podía imaginar una mejor forma de fallecimiento que esa. — Avy jorrāelan, Kheryan.
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