//Respondan, si se atreven(?///

En 23 segundos la aguja del reloj en la capilla, marcará la medianoche, las 00 y el inicio de un día nuevo. Hará frío, habrá silencio y el cielo permanecerá rojo hasta el amanecer.
Hay niebla cayendo por todas las cúpulas de los mausoleos y criptas.
En 22 segundos el día habrá terminado y en el curso insoslayable del tiempo, irreversible será lo vivido y la anécdota será una página más.
Jean no tiene prisa, esto es parte de un ritual . Sentado sobre los vestigios de un muro musgoso, apenas siente los muslos por el frío. Su abrigo lo protege del rocío débil de la neblina pero no resistirá mucho tiempo. Está bien, sin embargo, no necesita tanto para permanecer allí, esto es un compromiso agobiante pero impostergable, es una promesa inmortal que le marca el Sur, como la brújula mas fiel, es decir, a dónde no regresar.
Vigila su reloj de pulsera, 5 segundos y la mano libre sostiene el arco gastado sobre un instrumento que ha tardado un buen rato para acomodar, entre sus piernas vestidas. No es el propio, lo usa muy poco, más sin embargo lo respeta al punto de apoyarlo sobre su gorro, para que no toque el suelo lleno de hojas pudriéndose, como muchos de los que esa noche, acompañan en silencio sepulcral.

Las doce en punto.

Se desliza su arco suavemente, como la caricia de una cortina al viento, y él ya no está ahí en su cuerpo. En profunda concentración, ejecuta una partitura que vive en su mente, respetando la pausa, el vibrato y el compás, aunque no le guste, aunque no sea su estilo. Guarda silencio hasta su rostro que se mantiene laxo, de ojos cerrados y lengua en descanso.
Ha estado ahí varias veces, hoy por fin completa la última parte y se recuerda a sí mismo ahí, por años, dejando una a una cada pieza de ese ensamble lleno de nostalgia.
Rebotan los gemidos de su instrumento sobre los muros y ángeles de hierro. Viaja su vaivén cada vez mas lejos entre árboles resecos, hasta que su espíritu se va con la brisa, con la corriente entre edificaciones y pilares. Se siente liviano, se siente frágil y efímero.
Pasean sus dedos sobre recuerdos de una primavera distante, donde un rostro calienta sus yemas y la huella de unos labios descansan en una taza traslúcida. Fueron días de pan tostado y palomas anidando en el balcón de un lugar muy desvencijado, pero confortable.
Allí había amor, no del ridículo o el infantil, había amor del que te hace empujar a quien amas hasta que salga de su mierda, del que te hace hablar de lo incómodo y buscar la magia en las cosas mas mundanas. Amor del que te hace escribir en servilletas que jamás mostrarás, del que te hace memorizar todos los sonidos que hace su cuerpo, cuando algo le inquieta, amor del que te hace responsable de tus miedos, del que te hace comprar cosas pensando en pasado mañana. Amor del que se ramifica hasta tocarte cada órgano del cuerpo, del que te mata cuando se intenta extirpar, amor del que te quita el hambre y te mantiene esclavo del reloj, deseando que corra mas despacio. Amor que te hace pensar… que la luz también puede tocar tu rostro algún día.
Y así como todo en la vida, la partitura se termina, lentamente su arco deja de mecerse como nave a la deriva, y el mar en su interior se apacigua una vez más.
Todo ha terminado, el silencio regresa como la neblina y Jean abre sus ojos.
Han pasado 7 minutos de las doce, un año exacto desde la última vez que estuvo ahí, ocho años desde que estuvo por primera vez, pero en su corazón, siempre es este día, y 23 segundos antes de las doce.

<< A…ustus Sin…r Tus….recuerdan …….. Ser … ir…. H..nor…. >>

Una lápida exactamente igual a todas las otras, mismo color, corte, mismo orden, enfilada entre otros como todos aquellos hombres lo estuvieron en vida, portando un uniforme.
Se refleja un ganchito oxidado en sus orbes claras, un pequeño metal que ya no puede sostener ni una flor. Abandonada y poco visitada, nadie cuida esas tumbas, pero Jean podría distinguir la que tiene en frente a kilómetros. La ha contemplado hasta poder soñar que la encuentra caminando sin candil.
Su corazón palpita cada año que se acerca a ésta, aún si la cubre el liquen, a veces piensa que han sido sus propios ojos los que desgastan esa dedicatoria, impersonal, frívola, estándar.
Ah…por un instante, flaquea, y como el cielo sus ojos se enrojecen, se vuelven húmedos y galopa la angustia desde las entrañas, desde una espina que no se va, que sigue ahí y late, sangra, quema. ¡Quisiera decir tanto! Y cada año esa ira crece, como una bomba, pero solo escapan lágrimas, y su mirada se cae al suelo, sumiso ante un pasado enorme al que respeta y atesora.
-Feliz cumpleaños a tí.-
Su voz rompe la calma, el aire tembloroso sale de su rostro y queda vacío, una vez más.
-Feliz cumpleaños a mí.-

No retira el musgo que devora la tumba, pues protege una leyenda desprolija que grabó ahí con fuerza y filo, pero sobre todo, con dolor.
Desensambla, cubre, guarda, se abriga y se retira, mientras su cabello húmedo, helado, apenas se mueve, pero aunque pesado, él se siente un poco mas liviano.

"Aquí yace una buena persona. Era especial, era gentil, dió la vida por un mundo mejor. Le gustaba la Navidad y hacer promesas estúpidas. Amó Y fue amado, profundamente."

https://www.youtube.com/watch?v=gvO_24pkwVM



//Respondan, si se atreven(?/// En 23 segundos la aguja del reloj en la capilla, marcará la medianoche, las 00 y el inicio de un día nuevo. Hará frío, habrá silencio y el cielo permanecerá rojo hasta el amanecer. Hay niebla cayendo por todas las cúpulas de los mausoleos y criptas. En 22 segundos el día habrá terminado y en el curso insoslayable del tiempo, irreversible será lo vivido y la anécdota será una página más. Jean no tiene prisa, esto es parte de un ritual . Sentado sobre los vestigios de un muro musgoso, apenas siente los muslos por el frío. Su abrigo lo protege del rocío débil de la neblina pero no resistirá mucho tiempo. Está bien, sin embargo, no necesita tanto para permanecer allí, esto es un compromiso agobiante pero impostergable, es una promesa inmortal que le marca el Sur, como la brújula mas fiel, es decir, a dónde no regresar. Vigila su reloj de pulsera, 5 segundos y la mano libre sostiene el arco gastado sobre un instrumento que ha tardado un buen rato para acomodar, entre sus piernas vestidas. No es el propio, lo usa muy poco, más sin embargo lo respeta al punto de apoyarlo sobre su gorro, para que no toque el suelo lleno de hojas pudriéndose, como muchos de los que esa noche, acompañan en silencio sepulcral. Las doce en punto. Se desliza su arco suavemente, como la caricia de una cortina al viento, y él ya no está ahí en su cuerpo. En profunda concentración, ejecuta una partitura que vive en su mente, respetando la pausa, el vibrato y el compás, aunque no le guste, aunque no sea su estilo. Guarda silencio hasta su rostro que se mantiene laxo, de ojos cerrados y lengua en descanso. Ha estado ahí varias veces, hoy por fin completa la última parte y se recuerda a sí mismo ahí, por años, dejando una a una cada pieza de ese ensamble lleno de nostalgia. Rebotan los gemidos de su instrumento sobre los muros y ángeles de hierro. Viaja su vaivén cada vez mas lejos entre árboles resecos, hasta que su espíritu se va con la brisa, con la corriente entre edificaciones y pilares. Se siente liviano, se siente frágil y efímero. Pasean sus dedos sobre recuerdos de una primavera distante, donde un rostro calienta sus yemas y la huella de unos labios descansan en una taza traslúcida. Fueron días de pan tostado y palomas anidando en el balcón de un lugar muy desvencijado, pero confortable. Allí había amor, no del ridículo o el infantil, había amor del que te hace empujar a quien amas hasta que salga de su mierda, del que te hace hablar de lo incómodo y buscar la magia en las cosas mas mundanas. Amor del que te hace escribir en servilletas que jamás mostrarás, del que te hace memorizar todos los sonidos que hace su cuerpo, cuando algo le inquieta, amor del que te hace responsable de tus miedos, del que te hace comprar cosas pensando en pasado mañana. Amor del que se ramifica hasta tocarte cada órgano del cuerpo, del que te mata cuando se intenta extirpar, amor del que te quita el hambre y te mantiene esclavo del reloj, deseando que corra mas despacio. Amor que te hace pensar… que la luz también puede tocar tu rostro algún día. Y así como todo en la vida, la partitura se termina, lentamente su arco deja de mecerse como nave a la deriva, y el mar en su interior se apacigua una vez más. Todo ha terminado, el silencio regresa como la neblina y Jean abre sus ojos. Han pasado 7 minutos de las doce, un año exacto desde la última vez que estuvo ahí, ocho años desde que estuvo por primera vez, pero en su corazón, siempre es este día, y 23 segundos antes de las doce. << A…ustus Sin…r Tus….recuerdan …….. Ser … ir…. H..nor…. >> Una lápida exactamente igual a todas las otras, mismo color, corte, mismo orden, enfilada entre otros como todos aquellos hombres lo estuvieron en vida, portando un uniforme. Se refleja un ganchito oxidado en sus orbes claras, un pequeño metal que ya no puede sostener ni una flor. Abandonada y poco visitada, nadie cuida esas tumbas, pero Jean podría distinguir la que tiene en frente a kilómetros. La ha contemplado hasta poder soñar que la encuentra caminando sin candil. Su corazón palpita cada año que se acerca a ésta, aún si la cubre el liquen, a veces piensa que han sido sus propios ojos los que desgastan esa dedicatoria, impersonal, frívola, estándar. Ah…por un instante, flaquea, y como el cielo sus ojos se enrojecen, se vuelven húmedos y galopa la angustia desde las entrañas, desde una espina que no se va, que sigue ahí y late, sangra, quema. ¡Quisiera decir tanto! Y cada año esa ira crece, como una bomba, pero solo escapan lágrimas, y su mirada se cae al suelo, sumiso ante un pasado enorme al que respeta y atesora. -Feliz cumpleaños a tí.- Su voz rompe la calma, el aire tembloroso sale de su rostro y queda vacío, una vez más. -Feliz cumpleaños a mí.- No retira el musgo que devora la tumba, pues protege una leyenda desprolija que grabó ahí con fuerza y filo, pero sobre todo, con dolor. Desensambla, cubre, guarda, se abriga y se retira, mientras su cabello húmedo, helado, apenas se mueve, pero aunque pesado, él se siente un poco mas liviano. "Aquí yace una buena persona. Era especial, era gentil, dió la vida por un mundo mejor. Le gustaba la Navidad y hacer promesas estúpidas. Amó Y fue amado, profundamente." https://www.youtube.com/watch?v=gvO_24pkwVM
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