Aquel día empezó a nevar con fuerza nuevamente. De una forma implacable, sin dar cuartel a aquel que no disponiese de refugio.
Kazuo se disponía a encender los faroles de aceite de su templo, para que en la noche cualquier viajero que pudiera necesitarlo encontrase su guía gracias a la cálida luz que estos emitían. Y fué entonces cuando vió algo revolviéndose en la nieve. Kazuo arqueó sus cejas y se agachó, apartartando la nieve con cuidado hasta alcanzar su objetivo.
Un pequeño felino se había acurrucado en un vano intento de soportar la inclemencia del tiempo. Este lo tomó con las manos, y de la impresión, aquel pequeño animal enfureció en primera estancia, dando zarpazos como un león. Pero cuando sus afilados ojos hicieron contacto con los azules de Kazuo este se calmó. Kazuo causaba eso en los seres que lo rodeaban; transmitía calma, seguridad y confianza.
- Hace demasiado frío para que estés aquí fuera...- Decía este mientras lo colaba entre los pliegues de su Haori, alojandolo en su pecho para así darle calor.
El pequeño gato se hizo bola dentro de sus ropajes y de inmediato su ronroneo comenzó a reverberar contra su pecho. Kazuo sonrió con cierta ternura, aquél día tendrían un nuevo invitado en casa.
Kazuo se disponía a encender los faroles de aceite de su templo, para que en la noche cualquier viajero que pudiera necesitarlo encontrase su guía gracias a la cálida luz que estos emitían. Y fué entonces cuando vió algo revolviéndose en la nieve. Kazuo arqueó sus cejas y se agachó, apartartando la nieve con cuidado hasta alcanzar su objetivo.
Un pequeño felino se había acurrucado en un vano intento de soportar la inclemencia del tiempo. Este lo tomó con las manos, y de la impresión, aquel pequeño animal enfureció en primera estancia, dando zarpazos como un león. Pero cuando sus afilados ojos hicieron contacto con los azules de Kazuo este se calmó. Kazuo causaba eso en los seres que lo rodeaban; transmitía calma, seguridad y confianza.
- Hace demasiado frío para que estés aquí fuera...- Decía este mientras lo colaba entre los pliegues de su Haori, alojandolo en su pecho para así darle calor.
El pequeño gato se hizo bola dentro de sus ropajes y de inmediato su ronroneo comenzó a reverberar contra su pecho. Kazuo sonrió con cierta ternura, aquél día tendrían un nuevo invitado en casa.
Aquel día empezó a nevar con fuerza nuevamente. De una forma implacable, sin dar cuartel a aquel que no disponiese de refugio.
Kazuo se disponía a encender los faroles de aceite de su templo, para que en la noche cualquier viajero que pudiera necesitarlo encontrase su guía gracias a la cálida luz que estos emitían. Y fué entonces cuando vió algo revolviéndose en la nieve. Kazuo arqueó sus cejas y se agachó, apartartando la nieve con cuidado hasta alcanzar su objetivo.
Un pequeño felino se había acurrucado en un vano intento de soportar la inclemencia del tiempo. Este lo tomó con las manos, y de la impresión, aquel pequeño animal enfureció en primera estancia, dando zarpazos como un león. Pero cuando sus afilados ojos hicieron contacto con los azules de Kazuo este se calmó. Kazuo causaba eso en los seres que lo rodeaban; transmitía calma, seguridad y confianza.
- Hace demasiado frío para que estés aquí fuera...- Decía este mientras lo colaba entre los pliegues de su Haori, alojandolo en su pecho para así darle calor.
El pequeño gato se hizo bola dentro de sus ropajes y de inmediato su ronroneo comenzó a reverberar contra su pecho. Kazuo sonrió con cierta ternura, aquél día tendrían un nuevo invitado en casa.