La noche en Eldoria era un manto de estrellas titilantes, con la luna bañando el campo de entrenamiento en una luz plateada. El aire olía a tierra húmeda y a la magia sutil que impregnaba cada rincón de este mundo.

Veryssa, me observaba con su expresión serena, su presencia irradiando esa sabiduría antigua que siempre me recordaba lo mucho que aún tenía por aprender.

—La magia es como el cielo nocturno —dijo, alzando una mano y haciendo que una de las esferas se elevara más alto—. Infinita, misteriosa, pero sigue un orden. No puedes controlarla con la fuerza, solo puedes guiarla.

bajo la mirada eterna de las estrellas, continuamos la lección, como tantas otras noches antes, como tantas otras que aún vendrían.



La noche en Eldoria era un manto de estrellas titilantes, con la luna bañando el campo de entrenamiento en una luz plateada. El aire olía a tierra húmeda y a la magia sutil que impregnaba cada rincón de este mundo. Veryssa, me observaba con su expresión serena, su presencia irradiando esa sabiduría antigua que siempre me recordaba lo mucho que aún tenía por aprender. —La magia es como el cielo nocturno —dijo, alzando una mano y haciendo que una de las esferas se elevara más alto—. Infinita, misteriosa, pero sigue un orden. No puedes controlarla con la fuerza, solo puedes guiarla. bajo la mirada eterna de las estrellas, continuamos la lección, como tantas otras noches antes, como tantas otras que aún vendrían.
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