— "Encárgate de crecer mucho, darás buenos nísperos. Yo me encargo de cuidarte." —

Con el rostro ligeramente húmedo de sudor, la mujer se quitó el guante de jardinería y se irguió para ver su trabajo. Cubierta por tierra fresca, una plantita de níspero se alzaba orgullosa sobre su nuevo hogar en el jardín.

Así solían ser sus mañanas. Mientras el marido estaba fuera - a veces durante días y semanas - haciendo negocios, la vida acomodada de Hiroko Abe transcurría apacible, cuidando de su hija única y de su jardín.

—"Bien, iré a echar un vistazo a-..." —

De repente, una risita se escuchó entre los montículos de flores. La mujer se giró hacia el sitio de donde vino el sonido.

—"¿Sada?" —

Hubo silencio. Pero un suave tremor entre las orquídeas delató una figura pequeña. Escondida entre ellas.

—"Mmm, no creo que mi 𝘔𝘦𝘯𝘪𝘯𝘢 𝘧𝘰𝘧𝘪𝘯𝘩𝘢 esté por aquí. Debí confundirme."—

Pero la madre de Sada sabía que su pequeña estaba allí, observándola a hurtadillas. Había pretendido ir a la casa y revisar si su niña seguía dormida en el tatami, pero a juzgar por la situación, su hija se le había adelantado.


—"Pues ya que el monito debe seguir dormido, supongo que puedo comerme sola el açaí que dejé en la nevera..." —

— ¡Mami, no! —

La carita de la niña se asomó entre las flores ; con las mejillas sonrojadas de cualquier infante que acaba de despertarse y el cabello desordenado y hojas en él.

—"𝘕𝘰𝘴𝘴𝘢! ¡Pero qué susto! ¿Qué hacías escondida allí, 𝘔𝘦𝘯𝘪𝘯𝘢?" —

La fingida sorpresa de su madre provocó una sonrisa de satisfacción en la pequeña Sada, quien salió corriendo de su escondite para guardarse en los brazos extendidos de su madre.

— Quería sentirme como una flor y mirarte todo el tiempo, 𝑚ã𝑒. —

La hija de los Abe hundió su rostro en el pecho de su madre. Olía bonito, a flores y a alguna esencia atalcada que le traía mucha paz cada que la arrullaba. Desde allí alzó sus ojitos para ver el rostro de Hiroko, quien le acariciaba la coronilla.

— ¿Me vas a cuidar siempre, como al níspero bebé? —

—"Siempre, hijita." —


— "Encárgate de crecer mucho, darás buenos nísperos. Yo me encargo de cuidarte." — Con el rostro ligeramente húmedo de sudor, la mujer se quitó el guante de jardinería y se irguió para ver su trabajo. Cubierta por tierra fresca, una plantita de níspero se alzaba orgullosa sobre su nuevo hogar en el jardín. Así solían ser sus mañanas. Mientras el marido estaba fuera - a veces durante días y semanas - haciendo negocios, la vida acomodada de Hiroko Abe transcurría apacible, cuidando de su hija única y de su jardín. —"Bien, iré a echar un vistazo a-..." — De repente, una risita se escuchó entre los montículos de flores. La mujer se giró hacia el sitio de donde vino el sonido. —"¿Sada?" — Hubo silencio. Pero un suave tremor entre las orquídeas delató una figura pequeña. Escondida entre ellas. —"Mmm, no creo que mi 𝘔𝘦𝘯𝘪𝘯𝘢 𝘧𝘰𝘧𝘪𝘯𝘩𝘢 esté por aquí. Debí confundirme."— Pero la madre de Sada sabía que su pequeña estaba allí, observándola a hurtadillas. Había pretendido ir a la casa y revisar si su niña seguía dormida en el tatami, pero a juzgar por la situación, su hija se le había adelantado. —"Pues ya que el monito debe seguir dormido, supongo que puedo comerme sola el açaí que dejé en la nevera..." — — ¡Mami, no! — La carita de la niña se asomó entre las flores ; con las mejillas sonrojadas de cualquier infante que acaba de despertarse y el cabello desordenado y hojas en él. —"𝘕𝘰𝘴𝘴𝘢! ¡Pero qué susto! ¿Qué hacías escondida allí, 𝘔𝘦𝘯𝘪𝘯𝘢?" — La fingida sorpresa de su madre provocó una sonrisa de satisfacción en la pequeña Sada, quien salió corriendo de su escondite para guardarse en los brazos extendidos de su madre. — Quería sentirme como una flor y mirarte todo el tiempo, 𝑚ã𝑒. — La hija de los Abe hundió su rostro en el pecho de su madre. Olía bonito, a flores y a alguna esencia atalcada que le traía mucha paz cada que la arrullaba. Desde allí alzó sus ojitos para ver el rostro de Hiroko, quien le acariciaba la coronilla. — ¿Me vas a cuidar siempre, como al níspero bebé? — —"Siempre, hijita." —
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