Sus ojos al color del cielo derramaron lágrimas, no de tristeza, de una efímera agonía placentera, su alma abandono su cuerpo, dejándolo al interperie del cazador.

Sus ojos al color del cielo derramaron lágrimas, no de tristeza, de una efímera agonía placentera, su alma abandono su cuerpo, dejándolo al interperie del cazador.
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