Estaba en su cuarto, había tenido que tomarse un momento del trabajo, a solas. Sus manos temblababan, una de ellas aplastando el cigarrillo torpemente contra la mesita de noche, a pocos centímetros del cenicero.
Tenía un problema, lo sabía, ni siquiera había podido enfocar bien el cenicero, y todo aquello, solo veía manchas moviéndose en el estudio de grabación, demasiado borroso, casi negro, por mucho que intentase enfocar su vista, era imposible, no lograba ver lo suficientemente bien, sus gafas ya no parecían cumplir su función, y por primera vez en tantos años, volvió a sentir miedo, miedo de no poder ver, miedo de no lograr observar nuevamente el rostro de su pareja, las luces, todo lo que le rodeaba y tanto adoraba ver.
Tenía un problema, lo sabía, ni siquiera había podido enfocar bien el cenicero, y todo aquello, solo veía manchas moviéndose en el estudio de grabación, demasiado borroso, casi negro, por mucho que intentase enfocar su vista, era imposible, no lograba ver lo suficientemente bien, sus gafas ya no parecían cumplir su función, y por primera vez en tantos años, volvió a sentir miedo, miedo de no poder ver, miedo de no lograr observar nuevamente el rostro de su pareja, las luces, todo lo que le rodeaba y tanto adoraba ver.
Estaba en su cuarto, había tenido que tomarse un momento del trabajo, a solas. Sus manos temblababan, una de ellas aplastando el cigarrillo torpemente contra la mesita de noche, a pocos centímetros del cenicero.
Tenía un problema, lo sabía, ni siquiera había podido enfocar bien el cenicero, y todo aquello, solo veía manchas moviéndose en el estudio de grabación, demasiado borroso, casi negro, por mucho que intentase enfocar su vista, era imposible, no lograba ver lo suficientemente bien, sus gafas ya no parecían cumplir su función, y por primera vez en tantos años, volvió a sentir miedo, miedo de no poder ver, miedo de no lograr observar nuevamente el rostro de su pareja, las luces, todo lo que le rodeaba y tanto adoraba ver.
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