Stelle observaba su reflejo en el espejo con curiosidad. Inclinaba la cabeza primero a la derecha y luego a la izquierda, tratando de hacerse a la idea de lo que veía. Seguro que se parecía a esos animalitos que Marzo le mostraba de vez en cuando en videos.
La beisbolista galáctica no era alguien que se preocupase por su imagen. Para ella, la practicidad y la libertad de movimiento que sus prendas ofrecían eran mucho más importantes. Después de todo, como trazacaminos, siempre había considerado prioritario sentirse cómoda durante sus aventuras.
Sin embargo, en esta ocasión había decidido usar aquel conjunto debido a los constantes reproches de Dan Heng y Marzo sobre lo descuidada que era con su imagen.
Volvió a acomodar su gorra por millonésima vez, intentando lucir adecuadamente el atuendo, que, en su mayoría, le había prestado la arquera del Expreso Astral. Y, cuando por fin se sintió satisfecha con su aspecto, sonrió complacida. —Ahora sí, nadie podrá detenerme. Los tesoros de los botes dorados no se encontrarán solos.—
La beisbolista galáctica no era alguien que se preocupase por su imagen. Para ella, la practicidad y la libertad de movimiento que sus prendas ofrecían eran mucho más importantes. Después de todo, como trazacaminos, siempre había considerado prioritario sentirse cómoda durante sus aventuras.
Sin embargo, en esta ocasión había decidido usar aquel conjunto debido a los constantes reproches de Dan Heng y Marzo sobre lo descuidada que era con su imagen.
Volvió a acomodar su gorra por millonésima vez, intentando lucir adecuadamente el atuendo, que, en su mayoría, le había prestado la arquera del Expreso Astral. Y, cuando por fin se sintió satisfecha con su aspecto, sonrió complacida. —Ahora sí, nadie podrá detenerme. Los tesoros de los botes dorados no se encontrarán solos.—
Stelle observaba su reflejo en el espejo con curiosidad. Inclinaba la cabeza primero a la derecha y luego a la izquierda, tratando de hacerse a la idea de lo que veía. Seguro que se parecía a esos animalitos que Marzo le mostraba de vez en cuando en videos.
La beisbolista galáctica no era alguien que se preocupase por su imagen. Para ella, la practicidad y la libertad de movimiento que sus prendas ofrecían eran mucho más importantes. Después de todo, como trazacaminos, siempre había considerado prioritario sentirse cómoda durante sus aventuras.
Sin embargo, en esta ocasión había decidido usar aquel conjunto debido a los constantes reproches de Dan Heng y Marzo sobre lo descuidada que era con su imagen.
Volvió a acomodar su gorra por millonésima vez, intentando lucir adecuadamente el atuendo, que, en su mayoría, le había prestado la arquera del Expreso Astral. Y, cuando por fin se sintió satisfecha con su aspecto, sonrió complacida. —Ahora sí, nadie podrá detenerme. Los tesoros de los botes dorados no se encontrarán solos.—