La reina de Westeros acababa de levantarse, tan rápido como lo hizo, se dirigió al balcón del supuesto castillo que había comprado con el poco oro que trajo de sus tierras. Suspiró. Extrañaba su reino, pero sabía que si seguía ahí, su estado mental podría seguir deteriorandose. Bajó las escaleras y salió del lugar, encontrándose con Kheryan, su jóven y amado dragón, el cual hizo un pequeño ruido al verlo.

— Lo sé, es un poco tarde, pero estaba cansada. Entiéndeme.

Acarició a Kheryan, sabía que el también extrañaba jugar con su especie, y volar por sus tierras.
La reina de Westeros acababa de levantarse, tan rápido como lo hizo, se dirigió al balcón del supuesto castillo que había comprado con el poco oro que trajo de sus tierras. Suspiró. Extrañaba su reino, pero sabía que si seguía ahí, su estado mental podría seguir deteriorandose. Bajó las escaleras y salió del lugar, encontrándose con Kheryan, su jóven y amado dragón, el cual hizo un pequeño ruido al verlo. — Lo sé, es un poco tarde, pero estaba cansada. Entiéndeme. Acarició a Kheryan, sabía que el también extrañaba jugar con su especie, y volar por sus tierras.
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