— La noche había llegado, así como la lluvia, y la jóven Mumei aún seguía caminando por las vacías calles de la ciudad. Su mente, no dejaba de divagar entre memorias que jamás sucedieron, y aquellas que no recordaba. Su preocupación por lo último, la estaba llevando a empezar a escribir un diario en caso de perder sus memorias actuales. Sacó el libreto y una pluma de su mochila y se sentó en un banco mientras tarareaba una de sus canciones favoritas: "Remember me".
Comenzó a escribir cada uno de los recuerdos que tenía, desde los más bonitos, hasta los mas detestables. Cualquiera pensaría que una guardiana tendría una vida color de rosa, pero ¿por qué ella no lo ve así? Esa es la pregunta que ronda por su cabeza a diario.
Sus ojos comenzaron a lagrimear, y sus sollozos se empezaron a escuchar. Todo se podría camuflar con la lluvia, de no ser porque era bastante ruidosa, y su rostro no la ayudaba. —
Comenzó a escribir cada uno de los recuerdos que tenía, desde los más bonitos, hasta los mas detestables. Cualquiera pensaría que una guardiana tendría una vida color de rosa, pero ¿por qué ella no lo ve así? Esa es la pregunta que ronda por su cabeza a diario.
Sus ojos comenzaron a lagrimear, y sus sollozos se empezaron a escuchar. Todo se podría camuflar con la lluvia, de no ser porque era bastante ruidosa, y su rostro no la ayudaba. —
— La noche había llegado, así como la lluvia, y la jóven Mumei aún seguía caminando por las vacías calles de la ciudad. Su mente, no dejaba de divagar entre memorias que jamás sucedieron, y aquellas que no recordaba. Su preocupación por lo último, la estaba llevando a empezar a escribir un diario en caso de perder sus memorias actuales. Sacó el libreto y una pluma de su mochila y se sentó en un banco mientras tarareaba una de sus canciones favoritas: "Remember me".
Comenzó a escribir cada uno de los recuerdos que tenía, desde los más bonitos, hasta los mas detestables. Cualquiera pensaría que una guardiana tendría una vida color de rosa, pero ¿por qué ella no lo ve así? Esa es la pregunta que ronda por su cabeza a diario.
Sus ojos comenzaron a lagrimear, y sus sollozos se empezaron a escuchar. Todo se podría camuflar con la lluvia, de no ser porque era bastante ruidosa, y su rostro no la ayudaba. —
