Se apoyó contra el marco de la puerta con una sonrisa traviesa mientras sostenía la guitarra estratégicamente frente a su cuerpo desnudo. Sus rizos todavía estaban algo revueltos por la noche anterior, y su expresión reflejaba una mezcla de picardía y adoración al ver a Ellie en la cama, envuelta en las sábanas.

— Buenos tardes, mi musa —saludó con voz seductora, pasando los dedos por las cuerdas de la guitarra sin realmente tocar una melodía—. Hoy, en honor a San Valentín, he decidido componerte una canción…

Se aclaró la garganta dramáticamente, pero en lugar de empezar a tocar, deslizó un dedo por el mástil de la guitarra de manera sugerente, arqueando una ceja con diversión.

— Aunque… antes de tocar este instrumento, tal vez quieras ayudarme con otro que necesita algo de atención.

Se fue acercando al borde de la cama ya que aquellos días no salían de ella, estaba feliz, deslumbraba su luz por cada poro de su ser, gracias a ella.

— Prometo que si me das un beso, toco para ti —susurró contra sus labios—. Pero si me das más de uno… bueno, entonces el concierto será mucho más… íntimo.

Las cuerdas de la guitarra vibraron levemente cuando su mano pasó por encima, pero la única melodía que importaba en ese momento era la de sus cuerpos encontrándose en un baile perfecto y sus gemidos, no necesitaba partituras ni ensayos.
Se apoyó contra el marco de la puerta con una sonrisa traviesa mientras sostenía la guitarra estratégicamente frente a su cuerpo desnudo. Sus rizos todavía estaban algo revueltos por la noche anterior, y su expresión reflejaba una mezcla de picardía y adoración al ver a Ellie en la cama, envuelta en las sábanas. — Buenos tardes, mi musa —saludó con voz seductora, pasando los dedos por las cuerdas de la guitarra sin realmente tocar una melodía—. Hoy, en honor a San Valentín, he decidido componerte una canción… Se aclaró la garganta dramáticamente, pero en lugar de empezar a tocar, deslizó un dedo por el mástil de la guitarra de manera sugerente, arqueando una ceja con diversión. — Aunque… antes de tocar este instrumento, tal vez quieras ayudarme con otro que necesita algo de atención. Se fue acercando al borde de la cama ya que aquellos días no salían de ella, estaba feliz, deslumbraba su luz por cada poro de su ser, gracias a ella. — Prometo que si me das un beso, toco para ti —susurró contra sus labios—. Pero si me das más de uno… bueno, entonces el concierto será mucho más… íntimo. Las cuerdas de la guitarra vibraron levemente cuando su mano pasó por encima, pero la única melodía que importaba en ese momento era la de sus cuerpos encontrándose en un baile perfecto y sus gemidos, no necesitaba partituras ni ensayos.
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