En el rincón donde el silencio se disuelve,
te encuentro, mi amor, como la brisa que me envuelve.

Soy fuego que arde por verte, por tenerte cerca,
pero no en el afán de poseer,
porque lo que siento por ti no es un deseo vacío,
es una fuerza que me recorre, que me eleva, que me une.

Tus manos son refugio donde descanso mis miedos,
y tu piel, suave como la luna en su plenitud,
me habla sin palabras, me dice sin necesidad,
y yo, sin prisa, escucho lo que no se puede explicar.

Tus labios, esos que guardan mil promesas sin hablar,
son la puerta donde todo se transforma,
donde no hay fronteras, solo un cuerpo y un alma
que se funden en un abrazo eterno, en un respirar.

No te ofrezco un amor que se mide ni se compra,
te ofrezco mi ser, desnudo y sincero,
y en tu presencia, mi mundo se hace más claro,
porque en ti, encontré lo que nunca supe buscar.
En el rincón donde el silencio se disuelve, te encuentro, mi amor, como la brisa que me envuelve. Soy fuego que arde por verte, por tenerte cerca, pero no en el afán de poseer, porque lo que siento por ti no es un deseo vacío, es una fuerza que me recorre, que me eleva, que me une. Tus manos son refugio donde descanso mis miedos, y tu piel, suave como la luna en su plenitud, me habla sin palabras, me dice sin necesidad, y yo, sin prisa, escucho lo que no se puede explicar. Tus labios, esos que guardan mil promesas sin hablar, son la puerta donde todo se transforma, donde no hay fronteras, solo un cuerpo y un alma que se funden en un abrazo eterno, en un respirar. No te ofrezco un amor que se mide ni se compra, te ofrezco mi ser, desnudo y sincero, y en tu presencia, mi mundo se hace más claro, porque en ti, encontré lo que nunca supe buscar.
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