«¿Quieres oír un dato interesante sobre los osos?

Después de salir de la hibernación, los osos son incapaces de comer por varios días. Muchos de ellos, aún adormilados y entorpecidos, son más lentos, menos agresivos.

Esto crea una falsa sensación de seguridad entre los cazadores y senderistas novatos. La época en la que los osos salen de hibernación, piensan algunos, se puede bajar un poco la guardia.

Pero es una trampa.

Ocasionalmente, existen osos que no entran en hibernación. El desbalance hormonal y la escasez de alimento los convierte en bestias extremadamente peligrosas y temperamentales. Un monstruo dentro del bosque.

Algunas culturas antiguas tienen un nombre especial para esta clase de osos. Algunos creían que eran demonios en forma de animal, dioses iracundos que venían a castigar al hombre por su arrogancia, su irrespeto por el bosque.

Oh, pero hay más.

Si un oso que no hiberna llega a probar la carne humana, se rehusará a comer otra cosa en lo que le reste de vida. Como si perdiera el miedo por el ser humano, o como si ese miedo nunca existiese en primer lugar. Un monstruo, un dios iracundo, enviado a recordarnos nuestra verdadera fragilidad.

En casos extremos, en el que uno de estos monstruos ha comido una cantidad incontable de humanos, esa dieta irregular tiene un efecto particulamente lúgubre en el animal.

Infundido todo su ser por cantidades anormales de adrenalina y hormonas, la carne y la sangre del oso se vuelven una toxina, veneno puro».
«¿Quieres oír un dato interesante sobre los osos? Después de salir de la hibernación, los osos son incapaces de comer por varios días. Muchos de ellos, aún adormilados y entorpecidos, son más lentos, menos agresivos. Esto crea una falsa sensación de seguridad entre los cazadores y senderistas novatos. La época en la que los osos salen de hibernación, piensan algunos, se puede bajar un poco la guardia. Pero es una trampa. Ocasionalmente, existen osos que no entran en hibernación. El desbalance hormonal y la escasez de alimento los convierte en bestias extremadamente peligrosas y temperamentales. Un monstruo dentro del bosque. Algunas culturas antiguas tienen un nombre especial para esta clase de osos. Algunos creían que eran demonios en forma de animal, dioses iracundos que venían a castigar al hombre por su arrogancia, su irrespeto por el bosque. Oh, pero hay más. Si un oso que no hiberna llega a probar la carne humana, se rehusará a comer otra cosa en lo que le reste de vida. Como si perdiera el miedo por el ser humano, o como si ese miedo nunca existiese en primer lugar. Un monstruo, un dios iracundo, enviado a recordarnos nuestra verdadera fragilidad. En casos extremos, en el que uno de estos monstruos ha comido una cantidad incontable de humanos, esa dieta irregular tiene un efecto particulamente lúgubre en el animal. Infundido todo su ser por cantidades anormales de adrenalina y hormonas, la carne y la sangre del oso se vuelven una toxina, veneno puro».
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