Todas las noches lo mismo. Me quedo mirando al techo, pensando en lo que fue, en lo que ya no es. No sé qué hacer.
Vivir así, con este peso en el pecho, me está destrozando. Y mañana tendré que levantarme otra vez, fingir que todo está bien, cuando por dentro solo quiero desaparecer.
Todavía tengo grabadas tus palabras: “Normal que estés sola, eres una persona de mierda, y por eso, siempre lo estarás”.
Me las repito una y otra vez, como si necesitara hacerme más daño.
Tengo miedo. Miedo de estar sola, miedo de que tengas razón, de que yo sea el problema, de que nadie pueda quererme nunca. Pero también tengo miedo de seguir viviendo así, atrapada en un vacío que no se va. Ni siquiera sé si quiero seguir.
Es un dolor constante, uno que no desaparece aunque lo intente. Me siento rota. No sé quién soy, extraño lo que era antes de todo esto, antes de tus palabras, antes de tu partida. Pero ahora solo soy esto: alguien que se queda despierta cada noche, preguntándose si el dolor algún día se va, o si simplemente me voy a acostumbrar a él.
Vivir así, con este peso en el pecho, me está destrozando. Y mañana tendré que levantarme otra vez, fingir que todo está bien, cuando por dentro solo quiero desaparecer.
Todavía tengo grabadas tus palabras: “Normal que estés sola, eres una persona de mierda, y por eso, siempre lo estarás”.
Me las repito una y otra vez, como si necesitara hacerme más daño.
Tengo miedo. Miedo de estar sola, miedo de que tengas razón, de que yo sea el problema, de que nadie pueda quererme nunca. Pero también tengo miedo de seguir viviendo así, atrapada en un vacío que no se va. Ni siquiera sé si quiero seguir.
Es un dolor constante, uno que no desaparece aunque lo intente. Me siento rota. No sé quién soy, extraño lo que era antes de todo esto, antes de tus palabras, antes de tu partida. Pero ahora solo soy esto: alguien que se queda despierta cada noche, preguntándose si el dolor algún día se va, o si simplemente me voy a acostumbrar a él.
Todas las noches lo mismo. Me quedo mirando al techo, pensando en lo que fue, en lo que ya no es. No sé qué hacer.
Vivir así, con este peso en el pecho, me está destrozando. Y mañana tendré que levantarme otra vez, fingir que todo está bien, cuando por dentro solo quiero desaparecer.
Todavía tengo grabadas tus palabras: “Normal que estés sola, eres una persona de mierda, y por eso, siempre lo estarás”.
Me las repito una y otra vez, como si necesitara hacerme más daño.
Tengo miedo. Miedo de estar sola, miedo de que tengas razón, de que yo sea el problema, de que nadie pueda quererme nunca. Pero también tengo miedo de seguir viviendo así, atrapada en un vacío que no se va. Ni siquiera sé si quiero seguir.
Es un dolor constante, uno que no desaparece aunque lo intente. Me siento rota. No sé quién soy, extraño lo que era antes de todo esto, antes de tus palabras, antes de tu partida. Pero ahora solo soy esto: alguien que se queda despierta cada noche, preguntándose si el dolor algún día se va, o si simplemente me voy a acostumbrar a él.