Como si no fuera suficiente con lo sensible que tiene la cola, sus alas, tras perderlas tres veces, se han vuelto demasiado delicadas, tanto que una caricia basta para ponerlo de rodillas.
Como si no fuera suficiente con lo sensible que tiene la cola, sus alas, tras perderlas tres veces, se han vuelto demasiado delicadas, tanto que una caricia basta para ponerlo de rodillas.