Nuevo día y los juguetes que Sebastián le había dejado, de milagro, no habían acabado destrozados, pero si estaban arrumbados en el rincón mientras él seguía ansioso, limpiándose las garras como un gato acicalándose.
Nuevo día y los juguetes que Sebastián le había dejado, de milagro, no habían acabado destrozados, pero si estaban arrumbados en el rincón mientras él seguía ansioso, limpiándose las garras como un gato acicalándose.
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