Aquel atardecer el viento iba en compañía de una dulce melodía, acariciando con sus notas las frágiles hojas que aún quedaban en los árboles. El zorro, con la ocarina que su amada le obsequió, le regalaba al bosque la alegría de su música. Cada nota parecía hecha a medida por todo aquello que lo redeaba, acompañando los sonidos que la propia naturaleza otorgaba.

El zorro estaba feliz, y eso su amado bosque lo sabía, quién vibraba con él al mismo compás.
Aquel atardecer el viento iba en compañía de una dulce melodía, acariciando con sus notas las frágiles hojas que aún quedaban en los árboles. El zorro, con la ocarina que su amada le obsequió, le regalaba al bosque la alegría de su música. Cada nota parecía hecha a medida por todo aquello que lo redeaba, acompañando los sonidos que la propia naturaleza otorgaba. El zorro estaba feliz, y eso su amado bosque lo sabía, quién vibraba con él al mismo compás.
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