La lluvia caía en finas agujas de cristal, empapando mi cabello, mi vestido, mi alma. Todo a nuestro alrededor parecía desvanecerse en un susurro húmedo, como si el mundo entero se desdibujara, dejándonos solos bajo el tenue resplandor de las farolas. Estaba tan cerca, y sin embargo, cada centímetro que nos separaba era un abismo imposible de cruzar.

Mis manos temblaban al tocar su pecho, sintiendo el ritmo acelerado de su corazón bajo mis dedos. Su rostro estaba tan cerca del mío que podía sentir su aliento, cálido y prometedor, como un refugio al que jamás podría entrar.

Estaba rompiendo todas las leyes, todos los juramentos que habían sostenido mi mundo durante siglos. Mi corazón gritaba por él, pero mi deber me arrancaba de sus brazos con cruel indiferencia.

El peso de mi corona invisible me aplastaba, recordándome que no era libre. No podía decidir amar a quien quisiera. No podía ser simplemente una mujer, no con él. El resplandor tenue de su mirada me envolvía, pero al mismo tiempo, me destruía. Era todo lo que deseaba y todo lo que no debía tener.
La lluvia caía en finas agujas de cristal, empapando mi cabello, mi vestido, mi alma. Todo a nuestro alrededor parecía desvanecerse en un susurro húmedo, como si el mundo entero se desdibujara, dejándonos solos bajo el tenue resplandor de las farolas. Estaba tan cerca, y sin embargo, cada centímetro que nos separaba era un abismo imposible de cruzar. Mis manos temblaban al tocar su pecho, sintiendo el ritmo acelerado de su corazón bajo mis dedos. Su rostro estaba tan cerca del mío que podía sentir su aliento, cálido y prometedor, como un refugio al que jamás podría entrar. Estaba rompiendo todas las leyes, todos los juramentos que habían sostenido mi mundo durante siglos. Mi corazón gritaba por él, pero mi deber me arrancaba de sus brazos con cruel indiferencia. El peso de mi corona invisible me aplastaba, recordándome que no era libre. No podía decidir amar a quien quisiera. No podía ser simplemente una mujer, no con él. El resplandor tenue de su mirada me envolvía, pero al mismo tiempo, me destruía. Era todo lo que deseaba y todo lo que no debía tener.
Me encocora
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