โ ๐ซ๐๐๐๐í๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐... ๐ถ ¿๐ฐ๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐? โ
Había llegado. Apenas supo del ataque que sufrió Kiev, tomó el primer vuelo de regreso, abandonando sus vacaciones sin pensarlo dos veces.
Regreso al lugar en donde se supone que debían estar esperándola.
Todo era un desastre. Las empresas, los casinos, cada uno de los negocios bajo el control de Kiev estaban paralizados tras la noticia de su desaparición. El ataque, el secuestro, se había esparcido como un incendio incontrolable. La conmoción era total. Sin líder, no había mafia. No había nadie que tomara el mando, ningún heredero y Marcos estaba a punto de entrar en un ataque de pánico.
Ryan y Vanya, desaparecidos.
Kiev estaba secuestrado.
El contrato de alianza con los Di Vincenzo nunca se concretó, dejando a todos en una posición vulnerable. No había aliados, solo enemigos que no tardarían en aprovecharse de la situación, buscando apoderarse de los territorios y negocios.
Estaba sola. Totalmente sola.
Caminaba de forma tranquila por lo que alguna vez fue una mansión, el lugar que había visitado tantas veces estaba quemado y destruido una gran parte. Sus tacones hacian eco por el lugar. Se asomó por la ventana observando detalladamente los jardines que alguna vez fueron hermosos y solo quedaron cenizas.
Todos estaban bien, exceptuando por algunos empleados que terminaron por morir.
A estas alturas, huir sería la opción más lógica. Aleksander no tardaría en buscarla también. Su cabeza sería la próxima en la lista.
Podía hacerlo. Podía correr, empezar de nuevo, desaparecer en la multitud como una desconocida. Después de todo, tanto Ryan como Kiev le habían hecho daño, un daño que cualquier persona en su sano juicio usaría como excusa para alejarse y no mirar atrás.
Pero no podía.
Por más que se cuestionaba a sí misma, por más que intentaba encontrar una razón lógica para seguir importándoles, ellos aún lo hacían.
¿Cómo fue posible que dos tipos grandotes fueran secuestrados?
Ryan, era el primogénito de una mafia italiana del norte, que llevaba generaciones de existencia. Entrenado desde su niñez, convirtiendolo en una bestia, un hombre que en realidad era un psicópata. Según los Conti, un heredero perfecto en toda su totalidad, que le quitaron casi toda su humanidad en experimentos que le dieron en su infancia.
Kiev, era el primogénito de una mafia rusa, creada desde la Unión Soviética. También fue entrenado desde su niñez para convertirse en un hombre digno de los Novakov Romalsko. Quien fue obligado a desligarse de lo que más amaba de forma cruel.
Ambos hombres, entrenados, totalmente capacitados, unos postes de más de 1.97 metros. Unos malditos locos que no durarían en jugar fútbol con la cabeza de cualquier hombre. Y aún así, desaparecieron.
¿No podían ser más cuidadosos? ¿Por qué tenía que decaer todo en ella?
Suspiró, resignada a lo que tenía que hacer.
— Bien... Iré a buscarlos. Ni si les ocurra morir. Si van hacerlo, que sea bajo mis manos y no por sus padres, par de locos. — Dijo mirando el cielo, estaba enojada, muy enojada.
Ahora no solo tenía que arreglar ese asuntillo, si no que tambien tenía que poner todo en orden.
Su mirada se dirigío hacia atrás, Marcos mirándola de forma suplicante antes de agradecer a la pelirroja por todo el trabajo que tenía que hacer. Ella simplemente se inmutó a mirar el desastre. Pensando claramente en lo que tenía que hacer.
— Llamen a Elisabetta. Alisten el acuerdo de Alianza. Programa reuniones con las empresas. — Sintió algo suave sobre cerca de sus pies, su mirada bajó, encontrándose con una gatita, era Hanna. — Averiguen en dónde está Ryan y Vanya, la ubicación exacta. — Tomo a su gata entre sus brazos. — Iré por Kiev una vez que tenga a ese par bajo mi mandato. Muevanse.
Pondría todo en orden, hizo que está maldita mafia creciera y tuviera poder, lo volvería hacer. Esta sería su última ayuda.
Había llegado. Apenas supo del ataque que sufrió Kiev, tomó el primer vuelo de regreso, abandonando sus vacaciones sin pensarlo dos veces.
Regreso al lugar en donde se supone que debían estar esperándola.
Todo era un desastre. Las empresas, los casinos, cada uno de los negocios bajo el control de Kiev estaban paralizados tras la noticia de su desaparición. El ataque, el secuestro, se había esparcido como un incendio incontrolable. La conmoción era total. Sin líder, no había mafia. No había nadie que tomara el mando, ningún heredero y Marcos estaba a punto de entrar en un ataque de pánico.
Ryan y Vanya, desaparecidos.
Kiev estaba secuestrado.
El contrato de alianza con los Di Vincenzo nunca se concretó, dejando a todos en una posición vulnerable. No había aliados, solo enemigos que no tardarían en aprovecharse de la situación, buscando apoderarse de los territorios y negocios.
Estaba sola. Totalmente sola.
Caminaba de forma tranquila por lo que alguna vez fue una mansión, el lugar que había visitado tantas veces estaba quemado y destruido una gran parte. Sus tacones hacian eco por el lugar. Se asomó por la ventana observando detalladamente los jardines que alguna vez fueron hermosos y solo quedaron cenizas.
Todos estaban bien, exceptuando por algunos empleados que terminaron por morir.
A estas alturas, huir sería la opción más lógica. Aleksander no tardaría en buscarla también. Su cabeza sería la próxima en la lista.
Podía hacerlo. Podía correr, empezar de nuevo, desaparecer en la multitud como una desconocida. Después de todo, tanto Ryan como Kiev le habían hecho daño, un daño que cualquier persona en su sano juicio usaría como excusa para alejarse y no mirar atrás.
Pero no podía.
Por más que se cuestionaba a sí misma, por más que intentaba encontrar una razón lógica para seguir importándoles, ellos aún lo hacían.
¿Cómo fue posible que dos tipos grandotes fueran secuestrados?
Ryan, era el primogénito de una mafia italiana del norte, que llevaba generaciones de existencia. Entrenado desde su niñez, convirtiendolo en una bestia, un hombre que en realidad era un psicópata. Según los Conti, un heredero perfecto en toda su totalidad, que le quitaron casi toda su humanidad en experimentos que le dieron en su infancia.
Kiev, era el primogénito de una mafia rusa, creada desde la Unión Soviética. También fue entrenado desde su niñez para convertirse en un hombre digno de los Novakov Romalsko. Quien fue obligado a desligarse de lo que más amaba de forma cruel.
Ambos hombres, entrenados, totalmente capacitados, unos postes de más de 1.97 metros. Unos malditos locos que no durarían en jugar fútbol con la cabeza de cualquier hombre. Y aún así, desaparecieron.
¿No podían ser más cuidadosos? ¿Por qué tenía que decaer todo en ella?
Suspiró, resignada a lo que tenía que hacer.
— Bien... Iré a buscarlos. Ni si les ocurra morir. Si van hacerlo, que sea bajo mis manos y no por sus padres, par de locos. — Dijo mirando el cielo, estaba enojada, muy enojada.
Ahora no solo tenía que arreglar ese asuntillo, si no que tambien tenía que poner todo en orden.
Su mirada se dirigío hacia atrás, Marcos mirándola de forma suplicante antes de agradecer a la pelirroja por todo el trabajo que tenía que hacer. Ella simplemente se inmutó a mirar el desastre. Pensando claramente en lo que tenía que hacer.
— Llamen a Elisabetta. Alisten el acuerdo de Alianza. Programa reuniones con las empresas. — Sintió algo suave sobre cerca de sus pies, su mirada bajó, encontrándose con una gatita, era Hanna. — Averiguen en dónde está Ryan y Vanya, la ubicación exacta. — Tomo a su gata entre sus brazos. — Iré por Kiev una vez que tenga a ese par bajo mi mandato. Muevanse.
Pondría todo en orden, hizo que está maldita mafia creciera y tuviera poder, lo volvería hacer. Esta sería su última ayuda.
โ ๐ซ๐๐๐๐í๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐... ๐ถ ¿๐ฐ๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐? โ
Había llegado. Apenas supo del ataque que sufrió Kiev, tomó el primer vuelo de regreso, abandonando sus vacaciones sin pensarlo dos veces.
Regreso al lugar en donde se supone que debían estar esperándola.
Todo era un desastre. Las empresas, los casinos, cada uno de los negocios bajo el control de Kiev estaban paralizados tras la noticia de su desaparición. El ataque, el secuestro, se había esparcido como un incendio incontrolable. La conmoción era total. Sin líder, no había mafia. No había nadie que tomara el mando, ningún heredero y Marcos estaba a punto de entrar en un ataque de pánico.
Ryan y Vanya, desaparecidos.
Kiev estaba secuestrado.
El contrato de alianza con los Di Vincenzo nunca se concretó, dejando a todos en una posición vulnerable. No había aliados, solo enemigos que no tardarían en aprovecharse de la situación, buscando apoderarse de los territorios y negocios.
Estaba sola. Totalmente sola.
Caminaba de forma tranquila por lo que alguna vez fue una mansión, el lugar que había visitado tantas veces estaba quemado y destruido una gran parte. Sus tacones hacian eco por el lugar. Se asomó por la ventana observando detalladamente los jardines que alguna vez fueron hermosos y solo quedaron cenizas.
Todos estaban bien, exceptuando por algunos empleados que terminaron por morir.
A estas alturas, huir sería la opción más lógica. Aleksander no tardaría en buscarla también. Su cabeza sería la próxima en la lista.
Podía hacerlo. Podía correr, empezar de nuevo, desaparecer en la multitud como una desconocida. Después de todo, tanto Ryan como Kiev le habían hecho daño, un daño que cualquier persona en su sano juicio usaría como excusa para alejarse y no mirar atrás.
Pero no podía.
Por más que se cuestionaba a sí misma, por más que intentaba encontrar una razón lógica para seguir importándoles, ellos aún lo hacían.
¿Cómo fue posible que dos tipos grandotes fueran secuestrados?
Ryan, era el primogénito de una mafia italiana del norte, que llevaba generaciones de existencia. Entrenado desde su niñez, convirtiendolo en una bestia, un hombre que en realidad era un psicópata. Según los Conti, un heredero perfecto en toda su totalidad, que le quitaron casi toda su humanidad en experimentos que le dieron en su infancia.
Kiev, era el primogénito de una mafia rusa, creada desde la Unión Soviética. También fue entrenado desde su niñez para convertirse en un hombre digno de los Novakov Romalsko. Quien fue obligado a desligarse de lo que más amaba de forma cruel.
Ambos hombres, entrenados, totalmente capacitados, unos postes de más de 1.97 metros. Unos malditos locos que no durarían en jugar fútbol con la cabeza de cualquier hombre. Y aún así, desaparecieron.
¿No podían ser más cuidadosos? ¿Por qué tenía que decaer todo en ella?
Suspiró, resignada a lo que tenía que hacer.
— Bien... Iré a buscarlos. Ni si les ocurra morir. Si van hacerlo, que sea bajo mis manos y no por sus padres, par de locos. — Dijo mirando el cielo, estaba enojada, muy enojada.
Ahora no solo tenía que arreglar ese asuntillo, si no que tambien tenía que poner todo en orden.
Su mirada se dirigío hacia atrás, Marcos mirándola de forma suplicante antes de agradecer a la pelirroja por todo el trabajo que tenía que hacer. Ella simplemente se inmutó a mirar el desastre. Pensando claramente en lo que tenía que hacer.
— Llamen a Elisabetta. Alisten el acuerdo de Alianza. Programa reuniones con las empresas. — Sintió algo suave sobre cerca de sus pies, su mirada bajó, encontrándose con una gatita, era Hanna. — Averiguen en dónde está Ryan y Vanya, la ubicación exacta. — Tomo a su gata entre sus brazos. — Iré por Kiev una vez que tenga a ese par bajo mi mandato. Muevanse.
Pondría todo en orden, hizo que está maldita mafia creciera y tuviera poder, lo volvería hacer. Esta sería su última ayuda.