ベロニカ

Donde tú viste un abismo cruel y gélido,
yo me comprometi a llenarte de amor.

Donde tú veías números rojos y sueños hipotecados,
yo hallaba un motivo para desgastar mis manos y mis ojos cada noche.

Cuando tú querías prenderle fuego al mundo,
yo llenaba tu vista de flores.

Donde tú declarabas ser un alma imposible de amar,
yo solo veía a una niña que nadie se detuvo a escuchar.

En la mujer que aprendió a ser fuerte por obligación,
yo quise ser el hombre que cargara el peso por ella.

Donde tú descubriste arrugas, celulitis y mechones de cabello caído,
yo encontré la certeza de querer envejecer a tu lado.

No me dolió que eligieras los brazos de alguien más joven.
Me bastaba con verte sonreír ante el espejo,
Que volvieras a usar aquellos tacones rojos,
devolviendo el brillo a tus ojos con cada salida "sola".

Yo no era ciego, lo sabía todo,
pero te seguía esperando cada noche,
incluso cuando dejabas tu anillo escondido bajo la almohada.

Estaba dispuesto a amarte aun si ese pequeño aue esperabas no era mío.
A sostenerte aunque tu corazón ya no latiera por mí.

Nunca entenderé por qué deseabas que te odiara.
Es imposible odiar a quien juraste amar para siempre.

Y ahora, en este vacío que dejaste,
ni tú ni el pequeño están aquí.

Pero en mi silencio,
sigo pensando en lo que pudo haber sido.

ベロニカ Donde tú viste un abismo cruel y gélido, yo me comprometi a llenarte de amor. Donde tú veías números rojos y sueños hipotecados, yo hallaba un motivo para desgastar mis manos y mis ojos cada noche. Cuando tú querías prenderle fuego al mundo, yo llenaba tu vista de flores. Donde tú declarabas ser un alma imposible de amar, yo solo veía a una niña que nadie se detuvo a escuchar. En la mujer que aprendió a ser fuerte por obligación, yo quise ser el hombre que cargara el peso por ella. Donde tú descubriste arrugas, celulitis y mechones de cabello caído, yo encontré la certeza de querer envejecer a tu lado. No me dolió que eligieras los brazos de alguien más joven. Me bastaba con verte sonreír ante el espejo, Que volvieras a usar aquellos tacones rojos, devolviendo el brillo a tus ojos con cada salida "sola". Yo no era ciego, lo sabía todo, pero te seguía esperando cada noche, incluso cuando dejabas tu anillo escondido bajo la almohada. Estaba dispuesto a amarte aun si ese pequeño aue esperabas no era mío. A sostenerte aunque tu corazón ya no latiera por mí. Nunca entenderé por qué deseabas que te odiara. Es imposible odiar a quien juraste amar para siempre. Y ahora, en este vacío que dejaste, ni tú ni el pequeño están aquí. Pero en mi silencio, sigo pensando en lo que pudo haber sido.
Me gusta
1
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados