Desde hace semanas que no deja de pensar en Sylvaine, aquella joven que conoció en aquella fiesta del recibimiento al Otoño, ella le obsequió un objeto extraño, sin embargo, aún no lo comprendía, horas atrás presionó algo en la pantalla y no pasó nada. Según la mujer el aparato permitiría que pudieran comunicarse de manera más directa, mejor que las Piedras Mensajeras que normalmente la gente de su gremio ocupaba.
Como no tuvo una respuesta después de haber presionado, pensó que no deseaba comunicarse con él.
Es lo que esperaba, ambos son de diferentes sociedades, ella, toda una socialite, gran duquesa de Godwlieve, encargada y dedicada a la tecnología arcana, aquella que buscaba emular lo que su gremio ha conocido desde su creación, lo que se encarga de expandir en el mundo, la lengua arcana que permite el uso de la magia.
Ambos son contrarios uno al otro y quizá ella se dio cuenta de tal cosa, un anciano con una mentalidad arcaica no merece estar con una mujer que es una prodigio quien se encarga de ver hacía adelante, al futuro.
Eso pasa por volar muy cerca del sol, terminas en llamas y si algo puede envidiar el astro rey, es el brillo y la calidez de Sylvaine Godwlieve.
Como no tuvo una respuesta después de haber presionado, pensó que no deseaba comunicarse con él.
Es lo que esperaba, ambos son de diferentes sociedades, ella, toda una socialite, gran duquesa de Godwlieve, encargada y dedicada a la tecnología arcana, aquella que buscaba emular lo que su gremio ha conocido desde su creación, lo que se encarga de expandir en el mundo, la lengua arcana que permite el uso de la magia.
Ambos son contrarios uno al otro y quizá ella se dio cuenta de tal cosa, un anciano con una mentalidad arcaica no merece estar con una mujer que es una prodigio quien se encarga de ver hacía adelante, al futuro.
Eso pasa por volar muy cerca del sol, terminas en llamas y si algo puede envidiar el astro rey, es el brillo y la calidez de Sylvaine Godwlieve.
Desde hace semanas que no deja de pensar en Sylvaine, aquella joven que conoció en aquella fiesta del recibimiento al Otoño, ella le obsequió un objeto extraño, sin embargo, aún no lo comprendía, horas atrás presionó algo en la pantalla y no pasó nada. Según la mujer el aparato permitiría que pudieran comunicarse de manera más directa, mejor que las Piedras Mensajeras que normalmente la gente de su gremio ocupaba.
Como no tuvo una respuesta después de haber presionado, pensó que no deseaba comunicarse con él.
Es lo que esperaba, ambos son de diferentes sociedades, ella, toda una socialite, gran duquesa de Godwlieve, encargada y dedicada a la tecnología arcana, aquella que buscaba emular lo que su gremio ha conocido desde su creación, lo que se encarga de expandir en el mundo, la lengua arcana que permite el uso de la magia.
Ambos son contrarios uno al otro y quizá ella se dio cuenta de tal cosa, un anciano con una mentalidad arcaica no merece estar con una mujer que es una prodigio quien se encarga de ver hacía adelante, al futuro.
Eso pasa por volar muy cerca del sol, terminas en llamas y si algo puede envidiar el astro rey, es el brillo y la calidez de Sylvaine Godwlieve.
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