Se había sentado frente al televisor, esa pantalla plana que no servía en ese gran departamento más que para dar las noticias de vez en cuando, ahora su gente le había traído un aparato para “distraerse”, a esa cosa la llamaban videojuego, ese control tan extraño ahora en sus manos, que a penas y sabía manejar.

Trato de no darle importancia al hecho de que los botones y sus dedos no eran compatibles, era un desastre, así que después de haber perdido más veces de las que le gustaría admitir, se lanzó al sillón quejándose desde los simientes de sus pulmones. — Bon sang, je déteste les inventions humaines.—
Se había sentado frente al televisor, esa pantalla plana que no servía en ese gran departamento más que para dar las noticias de vez en cuando, ahora su gente le había traído un aparato para “distraerse”, a esa cosa la llamaban videojuego, ese control tan extraño ahora en sus manos, que a penas y sabía manejar. Trato de no darle importancia al hecho de que los botones y sus dedos no eran compatibles, era un desastre, así que después de haber perdido más veces de las que le gustaría admitir, se lanzó al sillón quejándose desde los simientes de sus pulmones. — Bon sang, je déteste les inventions humaines.—
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