La noche había alcanzado su punto más sereno, todo estaba listo. Con paciencia y dedicación, me aseguré de que cada detalle de la cena fuera perfecto, desde la disposición de los platos hasta el aroma sutil a rosas que impregnaba el ambiente.
La mesa brillaba bajo la luz cálida de los candelabros, con un mantel negro satinado que realzaba la porcelana fina. Había preparado platillos variados, cada uno pensado para resaltar los sabores que sabía serían apreciados: un carpaccio delicadamente sazonado, un ragú de texturas intensas y guarniciones que parecían obras de arte. En el centro, la pieza clave: una botella de vino de una añada especial, lista para ser descorchada.
Me detuve a revisar todo una última vez, ajustando el ángulo de una copa, corrigiendo un pequeño pliegue en el mantel.
Sonreí con satisfacción, cruzándome de brazos mientras contemplaba mi obra. Pero algo faltaba: el invitado de honor aún no estaba presente. Claro, podría haberlo llamado con mi voz, pero ¿dónde estaba la elegancia en eso?
silbé suavemente. En cuestión de segundos, un murciélago de alas oscuras descendió posándose obedientemente en mi brazo extendido.
—Ve a buscar a Alucard Fahrenheit Tepes , —murmuré con un tono suave pero firme, mientras acariciaba su pequeña cabeza dándole una nota enrollada con un lazo rojo. El murciélago soltó un chillido corto en respuesta antes de alzar vuelo.
La mesa brillaba bajo la luz cálida de los candelabros, con un mantel negro satinado que realzaba la porcelana fina. Había preparado platillos variados, cada uno pensado para resaltar los sabores que sabía serían apreciados: un carpaccio delicadamente sazonado, un ragú de texturas intensas y guarniciones que parecían obras de arte. En el centro, la pieza clave: una botella de vino de una añada especial, lista para ser descorchada.
Me detuve a revisar todo una última vez, ajustando el ángulo de una copa, corrigiendo un pequeño pliegue en el mantel.
Sonreí con satisfacción, cruzándome de brazos mientras contemplaba mi obra. Pero algo faltaba: el invitado de honor aún no estaba presente. Claro, podría haberlo llamado con mi voz, pero ¿dónde estaba la elegancia en eso?
silbé suavemente. En cuestión de segundos, un murciélago de alas oscuras descendió posándose obedientemente en mi brazo extendido.
—Ve a buscar a Alucard Fahrenheit Tepes , —murmuré con un tono suave pero firme, mientras acariciaba su pequeña cabeza dándole una nota enrollada con un lazo rojo. El murciélago soltó un chillido corto en respuesta antes de alzar vuelo.
La noche había alcanzado su punto más sereno, todo estaba listo. Con paciencia y dedicación, me aseguré de que cada detalle de la cena fuera perfecto, desde la disposición de los platos hasta el aroma sutil a rosas que impregnaba el ambiente.
La mesa brillaba bajo la luz cálida de los candelabros, con un mantel negro satinado que realzaba la porcelana fina. Había preparado platillos variados, cada uno pensado para resaltar los sabores que sabía serían apreciados: un carpaccio delicadamente sazonado, un ragú de texturas intensas y guarniciones que parecían obras de arte. En el centro, la pieza clave: una botella de vino de una añada especial, lista para ser descorchada.
Me detuve a revisar todo una última vez, ajustando el ángulo de una copa, corrigiendo un pequeño pliegue en el mantel.
Sonreí con satisfacción, cruzándome de brazos mientras contemplaba mi obra. Pero algo faltaba: el invitado de honor aún no estaba presente. Claro, podría haberlo llamado con mi voz, pero ¿dónde estaba la elegancia en eso?
silbé suavemente. En cuestión de segundos, un murciélago de alas oscuras descendió posándose obedientemente en mi brazo extendido.
—Ve a buscar a [mirage_topaz_bear_490] , —murmuré con un tono suave pero firme, mientras acariciaba su pequeña cabeza dándole una nota enrollada con un lazo rojo. El murciélago soltó un chillido corto en respuesta antes de alzar vuelo.