Se sentía encerrado, encarcelado en su propia mente y corazón. Pocas veces tenía el tiempo de reflexionar, o tal vez, solo tal vez, él evadía el tiempo que tenía. Siempre se ocupaba con algo, la más mínima distracción era válida para poder escapar de la realidad. Era en vano, no podía escapar de la verdad, no podía escapar de lo que él había causado.

Su mente exclamaba a gritos que había hecho lo correcto, que aquel pueblo merecía morir en llamas y que todo estaba mejor ahora. Qué su ambición de poder estaba bien, y no había nada de qué arrepentirse. Pero su corazón, con voz calmada, susurrante, le explicaba el mal que había causado; las tantas vidas que había arrebatado por su deseo de poder. "¿Y de qué sirvió todo esto? ¿Te dió felicidad?" No. Definitivamente no, no había nada de felicidad en él. Entonces, ese fugaz recuerdo del pueblo en llamas cruzó sus ojos, justo cuando el humo de su cigarro los cubría.

—Lo hecho hecho está. No puedo arrepentirme.

Al final, su mente ganaba mientras su corazón, con mirada decepcionada volvía a encerrarse con llave y candado. Dispuesto a no volver a salir.
Se sentía encerrado, encarcelado en su propia mente y corazón. Pocas veces tenía el tiempo de reflexionar, o tal vez, solo tal vez, él evadía el tiempo que tenía. Siempre se ocupaba con algo, la más mínima distracción era válida para poder escapar de la realidad. Era en vano, no podía escapar de la verdad, no podía escapar de lo que él había causado. Su mente exclamaba a gritos que había hecho lo correcto, que aquel pueblo merecía morir en llamas y que todo estaba mejor ahora. Qué su ambición de poder estaba bien, y no había nada de qué arrepentirse. Pero su corazón, con voz calmada, susurrante, le explicaba el mal que había causado; las tantas vidas que había arrebatado por su deseo de poder. "¿Y de qué sirvió todo esto? ¿Te dió felicidad?" No. Definitivamente no, no había nada de felicidad en él. Entonces, ese fugaz recuerdo del pueblo en llamas cruzó sus ojos, justo cuando el humo de su cigarro los cubría. —Lo hecho hecho está. No puedo arrepentirme. Al final, su mente ganaba mientras su corazón, con mirada decepcionada volvía a encerrarse con llave y candado. Dispuesto a no volver a salir.
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