—Al que se me acerque, le voy a destrozar el cráneo a punta de pisotones con mis pezuñas...

Sobre advertencia no había engaño, estaba iracundo, encerrándose en el ricón más escondido del palacio, envolviéndose como un capullo con sus alas.
—Al que se me acerque, le voy a destrozar el cráneo a punta de pisotones con mis pezuñas... Sobre advertencia no había engaño, estaba iracundo, encerrándose en el ricón más escondido del palacio, envolviéndose como un capullo con sus alas.
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