Había llegado a la casa de Alexandra y lanzando piedritas a la ventana la llamaba con desesperación. Llevaba el rostro cubierto y sus ojos estaban inexplicablemente amarillos.

Hablaba arrastrando la palabra como si estuviera fuera de si, claramente la oscuridad en su interior estaba a flor de piel.

-Amor mío anda sal para que hablemos...

Sin embargo jamás espero ver salir a aquel hombre al balcón de su amada.

-Que diablos haces tu aquí?
Había llegado a la casa de Alexandra y lanzando piedritas a la ventana la llamaba con desesperación. Llevaba el rostro cubierto y sus ojos estaban inexplicablemente amarillos. Hablaba arrastrando la palabra como si estuviera fuera de si, claramente la oscuridad en su interior estaba a flor de piel. -Amor mío anda sal para que hablemos... Sin embargo jamás espero ver salir a aquel hombre al balcón de su amada. -Que diablos haces tu aquí?
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