— Ay, ¡qué calor, qué brillante está el Sol! —

Abrazó un árbol, decían que eso ayudaba a refrescar pero ya está que se desmaya en pleno Ikebukuro.
— Ay, ¡qué calor, qué brillante está el Sol! — Abrazó un árbol, decían que eso ayudaba a refrescar pero ya está que se desmaya en pleno Ikebukuro.
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