Alman silbaba en el oscuro callejon, era la marcha funebre iba a paso lento, su presa corria trataba de poner obstaculos de por medio. No le importaba. Levanto el brazo izquierdo y una pequeña ballesta disparo a su objetivo, le impacto detras de la rodilla atravesando la rótula. Aun asi el condenado se arrastraba, patético.
Alman llego a su lado y partio el astil de la flecha, su presa gimoteaba parecia un hombre de negocios normal, un mero oficinista. Le sujeto la cara y solo dijo con voz fria.
—¿Donde está?
El hombre nego casi al borde de las lagrimas, Alman le estrello la cabeza contra la pared, ahogando un grito de dolor.
—¿Donde esta?
El hombre desvio la mirada a su bolsillo. Alman metio la mano y saco un collar con una joya.
—Buen perro.
Se guardo el collar y estrello varias veces la cabeza del siervo contra la pared, la sangre negra comenzo a manar matandolo, Alman abrio la boca absorviendo su alma y energia, el hombre quedo reducido a cenizas.
Se levanto y fue silbando la misma melodia hacia la salida del callejon.
Alman llego a su lado y partio el astil de la flecha, su presa gimoteaba parecia un hombre de negocios normal, un mero oficinista. Le sujeto la cara y solo dijo con voz fria.
—¿Donde está?
El hombre nego casi al borde de las lagrimas, Alman le estrello la cabeza contra la pared, ahogando un grito de dolor.
—¿Donde esta?
El hombre desvio la mirada a su bolsillo. Alman metio la mano y saco un collar con una joya.
—Buen perro.
Se guardo el collar y estrello varias veces la cabeza del siervo contra la pared, la sangre negra comenzo a manar matandolo, Alman abrio la boca absorviendo su alma y energia, el hombre quedo reducido a cenizas.
Se levanto y fue silbando la misma melodia hacia la salida del callejon.
Alman silbaba en el oscuro callejon, era la marcha funebre iba a paso lento, su presa corria trataba de poner obstaculos de por medio. No le importaba. Levanto el brazo izquierdo y una pequeña ballesta disparo a su objetivo, le impacto detras de la rodilla atravesando la rótula. Aun asi el condenado se arrastraba, patético.
Alman llego a su lado y partio el astil de la flecha, su presa gimoteaba parecia un hombre de negocios normal, un mero oficinista. Le sujeto la cara y solo dijo con voz fria.
—¿Donde está?
El hombre nego casi al borde de las lagrimas, Alman le estrello la cabeza contra la pared, ahogando un grito de dolor.
—¿Donde esta?
El hombre desvio la mirada a su bolsillo. Alman metio la mano y saco un collar con una joya.
—Buen perro.
Se guardo el collar y estrello varias veces la cabeza del siervo contra la pared, la sangre negra comenzo a manar matandolo, Alman abrio la boca absorviendo su alma y energia, el hombre quedo reducido a cenizas.
Se levanto y fue silbando la misma melodia hacia la salida del callejon.