Lo peor es que estaba considerándolo seriamente, pero no lo haría así, sin más.
Quería hablarlo con su amado ciervo, con el hombre que le devolvió la ilusión de un matrimonio, de formar una familia, de entregar su propia vida a cambio de protegerlo a él.

Se merecía conocer sus inquietudes, el miedo que ahora tenía de sólo imaginar que, en algún momento, podrían estar juntos y el monarca estaría dichoso, tan dichoso que el cielo volvería a castigarlo y las armas celestiales repentinamente lo eliminarían ante sus propios ojos.

No podría pegar ojo en toda la noche con ese miedo y dolor latentes, sólo esperaría al alba, hasta que las pesadillas se rindieran a atormentarlo pues no dormiría.
Lo peor es que estaba considerándolo seriamente, pero no lo haría así, sin más. Quería hablarlo con su amado ciervo, con el hombre que le devolvió la ilusión de un matrimonio, de formar una familia, de entregar su propia vida a cambio de protegerlo a él. Se merecía conocer sus inquietudes, el miedo que ahora tenía de sólo imaginar que, en algún momento, podrían estar juntos y el monarca estaría dichoso, tan dichoso que el cielo volvería a castigarlo y las armas celestiales repentinamente lo eliminarían ante sus propios ojos. No podría pegar ojo en toda la noche con ese miedo y dolor latentes, sólo esperaría al alba, hasta que las pesadillas se rindieran a atormentarlo pues no dormiría.
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