Siete años atrás, él fue dejado por sus dos grandes amores, su esposa y, después, su hija.
A pesar de estar destrozado, la imagen que quería dar era la del rey imponente, aquel que no sufre, que se mantiene con la cabeza en alto y, gracias a eso, la brecha entre ambos se hizo cada vez más grande hasta que el contacto era casi nulo.

Lo que su pequeña princesa ignoraba era que, tras esa imagen de superioridad y frialdad aparente, había un ángel con las alas rotas, destrozado, mirando como se alejaba su segundo tesoro tal cual su esposa una vez lo hizo.
Siete años atrás, él fue dejado por sus dos grandes amores, su esposa y, después, su hija. A pesar de estar destrozado, la imagen que quería dar era la del rey imponente, aquel que no sufre, que se mantiene con la cabeza en alto y, gracias a eso, la brecha entre ambos se hizo cada vez más grande hasta que el contacto era casi nulo. Lo que su pequeña princesa ignoraba era que, tras esa imagen de superioridad y frialdad aparente, había un ángel con las alas rotas, destrozado, mirando como se alejaba su segundo tesoro tal cual su esposa una vez lo hizo.
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