// Esto originalmente iba a ser un post de monorol, pero ahora vi que me ha quedado medio largo y creo que es mejor en un artículo. Es más o menos para que vean cómo es Owen (probablemente lo integre en roles a ser posible) y la dinámica con Alaska.
Disculpen si esta medio cutre. Lo he hecho en diferentes momentos y acabo como de intentar pulirlo, aunque no me convence mucho, pero ya qué.
La lluvia golpeaba las ventanas de la casa con insistencia. Era el único sonido que se colaba al interior que rompía un poco con el gran silencio que había en la sala y cocina.
Así estaban desde hacía unos minutos. Se supone que Owen prepararía la cena e intentarían comer juntos como familia funcional. Sin embargo, Alaska empezó con sus locuras de nuevo, hablando de lo que había visto ese día y de cómo aún se sentía observada, con una presión sobre sus hombros que parecía que la aplastaría en cualquier momento. Owen, por supuesto, no le creyó en absoluto. Al final, le dijo que se callara.
Ella estaba sentada al borde del sofá, mirando la pantalla apagada de la televisión, observando el reflejo de su tío moverse un poco en la cocina mientras cortaba la carne.
—Por eso no puedo tener ni una puta conversación contigo. Eres un desastre. —la voz del hombre cortó de repente, siempre era como puñaladas al corazón de la chica. A veces se preguntaba si él de verdad se preocupaba por ella o solo la acogió porque no tuvo muchas opciones para negarse.
—Lo siento. —murmuró ella, todavía viendo el reflejo. Pero... algo más se movió. No quiso esperar demasiado, incluso si lo veía por el rabillo del ojo podía reconocer lo que era. Otra vez.
Se giró de golpe para ver a su tío directamente, y ahí estaba la sombra. Alta, con la cabeza ladeada y, al parecer, esperando por el momento justo.
—Owen... —lo llamó, temiendo el moverse mucho.
—¿Sabes qué es lo peor? A veces pienso que de verdad vas a mejorar, pero, luego... luego es como si dieras veinte pasos hacia atrás —la ignoró por completo, todavía siguiendo con lo suyo sin mirarla—. Nunca mejora. En todo caso, parece empeorar, ¿para qué gastar tanto en todas esas mierdas que no sirven? Y todavía siguen con los estúpidos controles, estoy harto.
Mientras él hablaba la sombra se movió. Alzó las manos que mostraban garras demasiado largas y afiladas. La sonrisa se mostro en lo que era el rostro, pero también empezó a abrirse.
—Owen, sal de ahí, hay algo...
—¡Y ya vas a empezar de nuevo, te dije que pares! —se volteó para verla apenas un segundo, con el ceño fruncido, apuntándole con el cuchillo—. No intentes pegarme tu demencia.
Alaska sintió impotencia y un gran terror. Esa cosa iba a matarlo si él no se movía, pero temía que él se enojara aún más con ella si hacía algo. Por desgracia, el perderlo tampoco era opción, así que ella se movió, corriendo con rapidez hacia él mientras la sombra se abalanzó hacia el hombre. Por suerte, la chica logró empujarlo a tiempo, pero lo hizo con tanta fuerza y adrenalina que Owen se golpeó el costado del torso, provocándole bastante dolor y el que soltara el cuchillo.
—¿QUÉ MIERDA TE PASA, ALASKA? ¿AHORA TAMBIÉN ME QUIERES MATAR? —con una mano en el costado, la miró furioso. Si no fuera porque no era un hombre tan terrible como podría ser, quizá ya habría arremetido contra ella.
—¡Te iba a lastimar! ¡Quería comer tu cabeza! —miró a donde estaba la sombra, un lugar vacío otra vez. Había sido solo un juego para empeorar la situacíon.
—¡DÉJATE DE TUS IDIOTECES IMAGINARIAS! NO ES REAL, ALASKA. ¡ESTÁS MAL DE LA CABEZA! —continuó con gritos, viendo que su sobrina empezaba a llorar. Suspiró con fuerza, frustrado—... ¿Tomaste tus pastillas?
Se obligó a bajar el tono, pero se notaba cuánto le costó hacerlo, hasta su cuerpo tembló por ello, y no era únicamente por el dolor. En el fondo se sentía mal, no era como si disfrutara de todo eso y lo hacía enojar aún más.
Las lágrimas de Alaska caían sin cesar, su pecho y hombros subían y bajaban demasiado rápido en pequeños espasmos cada tanto.
—Sí... l-las tomé... —pero no pareció convencer al contrario. Él la tomó del brazo con cierta fuerza y la arrastró consigo hacia el piso de arriba, hacia el baño— ¡Sí las tome, Owen! ¡Por favor...!
Owen no dijo nada, solo la soltó cuando estuvieron en el baño y él tomó el la caja de plástico, el organizador de pastillas.
—...¿Qué día es hoy, Alaska? —al preguntar, se lo vio extremadamente harto de todo, sin hacer contacto visual. Ella se tomó un tiempo en responder.
—Martes.
—Entonces, ¿por qué mierda están las pastillas aquí? —le mostró la caja e, indiscutiblemente, las pastillas del día mencionado estaban ahí. Pero ella las había tomado, lo podía jurar una y mil veces que lo hizo, estaba segura.
—Tío... por favor...
—¡No te hagas la pobrecita! Ven aquí —señaló al suelo, justo al lado de sí mismo. Alaska tuvo que obedecer mientras sollozaba—. Mano.
De a poco, extendió la mano derecha, temblando por completo, y Owen dejó ahí las pastillas.
—Tómalas y luego me muestras. —apenas se alejó para darle el suficiente espacio para ella acercarse al lavabo, colocar las pastillas en su boca y beber un poco de agua del grifo para tragar bien. Acto seguido, se giró hacia él y abrió la boca lo más que pudo, moviendo la lengua hacia arriba para mostrar que no escondía ninguna pastilla y que las había tragado.
El hombre le dejó el organizador y salió del baño.
—Vete a dormir, Alaska, y déjame de joder. —así se terminó la interacción, sin dejar paso a volver a hablar sobre nada.
La chica apretó los labios con fuerza para evitar soltar algún sonido por estar llorando aún. Agachó la cabeza y apretó la caja plástica contra su pecho unos segundos antes de dejarla donde estaba. Sí había tomado las pastillas antes... debieron colocarlas otros... ellos.
Caminó a su cuarto tan en silencio como pudo y ahí se encerró, pero no a dormir, solo a llorar.
¿Cuándo sería el momento para que su tío le creyera? ¿Acaso lo haría?