Han pasado seis meses desde la muerte de Bobby, no hay día que no lo eche de menos y cada vez que llego al parque 118, tengo una sensación de que le veré bajando de uno de los camiones o en la cocina, preparándonos uno de sus deliciosos platos.

Todos tienen un propósito mientras yo continúo estancado en el pasado, este último mes todos están intentando que cambie de idea y me quede en California.

 

Siempre me ha gustado vivir en California, al menos eso era antes, la decisión de dar un giro completo a mi vida, no la tomé de un día para otro.

Llevo meses meditándolo, no siento que estoy tirando la toalla ni tampoco que abandono a los míos.

Todos tienen sus propias familias y saben que hacer con sus vidas, mientras yo lo único que tengo claro es que si no fuera bombero no sabría que hacer con mi vida.

Todos y cada uno de ellos han estado muy pesados intentando hacerme que cambie de parecer, sobre todo mi hermana mayor Maddie.

Aunque ella fue la primera en entender mi decisión, no la tomó como un capricho, sabe que estuve bastante tiempo meditando y que me costó horrores decidir que al final voy a marcharme.

 

No esperaba que me cambiaran a Salem, creí que sería Florida o algún otro estado que tuviera cerca alguna playa.

 

Comenzaré desde cero en un nuevo lugar, donde nadie va a conocerme pero eso no me importa.

 

Antes de ayer Eddy y Christopher por sorpresa vinieron a mi casa, la cuál por fin vinieron a mi casa, la cuál por fin he conseguido vender gracias a una muy buena agente inmobiliaria.

Todavia no he terminado con la mudanza, trajeron varias pizzas, una caja de cervezas y refrescos para el más joven.

Ayer estuve cenando en casa de Henrietta y su esposa Karen, traje una botella de vino.

Fue una velada perfecta, en la que también estuvo Athena.

 

Esta noche voy a cenar en casa de Maddie, mi ex jefe y cuñado Chimney y mis adorables sobrinos.

Los echaré de menos a todos, mientras sigo disfrutando de la comida riendo y recordando viejos momentos que hemos vivido tanto en el trabajo como anécdotas de nuestras vidas privadas.

Antes de la cena estuve jugando un rato con los pequeños, ayudo a recoger los platos mientras mi cuñado está con mis sobrinos.

—No hace falta, eres nuestro invitado.

—Lo hago encantado, la cena ha estado deliciosa.

—Me alegro de que te haya gustado.

Mi hermana sigue dándome la espalda, excusándose en que está en el fregadero para lavarlos.

—Tu los lavas y yo...

Al ponerme a su lado a la derecha puedo ver con claridad que está haciendo un gran esfuerzo por no llorar, nunca he podido ver a una mujer llorar y menos si es mi hermana mayor.

—Maddie...

Sin decir ni una palabra más la acercó hacia mí y la abrazó con mis fuertes brazos, de lejos Chimney nos observa en silencio.

—Voy a estar bien.

—Lo sé, te voy a echar mucho de menos.

—Y yo a todos vosotros, en especial a ti y a mis adorables sobrinos.

¡A ti también Chimney!

—Buen intento.

Habla lo suficientemente alto mi cuñado para que lo escucháramos, lo decía enserio.

—Es hora de que el tío Buckley los acueste y les lea un cuento.

 

Todavia voy a seguir unos días más, tengo que continuar con la mudanza y todos me están ayudando.

Además ya se que me están preparando una fiesta sorpresa, voy hacerme el tonto y me divertiré toda la noche en compañía de los mejores.