La calma que siguió a la tormenta fue breve y engañosa. Mientras los hombres de Gregor comenzaban a limpiar la carnicería, Maral no podía apartar la vista del cuerpo del líder marroquí. Había algo en su sonrisa final, incluso con la daga de Sasha atravesándole la garganta, que no encajaba con la derrota.

Maral se acercó al cadáver y, con un gesto mecánico, registró sus bolsillos. No encontró mapas, ni órdenes escritas, solo un teléfono satelital que comenzó a parpadear con una luz carmesí. Al activarse la pantalla, no apareció un número, sino una coordenada geográfica y un video pregrabado que comenzó a reproducirse automáticamente.

En la pantalla, una figura envuelta en sombras hablaba con una distorsión de voz que erizaba la piel:

"Felicidades, Matriarca. Has defendido tu trono... pero has dejado tu tesoro desprotegido. Mientras mirabas hacia el frente, nosotros ya estábamos en la retaguardia."

Maral sintió que la sangre se le congelaba. Miró a Sasha, cuya expresión gélida se resquebrajó por un segundo. Ambas comprendieron al mismo tiempo: este ataque no era para matar a la Matriarca, era una distracción.


La Traición Silenciosa

—Gregor, ¿dónde está el convoy de suministros médicos que venía del puerto? —preguntó Maral, su voz apenas un susurro cargado de veneno.

Gregor consultó su radio, pero solo obtuvo estática.

—No responden, jefa. Deberían haber llegado hace veinte minutos al búnker secundario.

Sasha caminó hacia la ventana rota, observando el horizonte de Moscú.

—No buscaban nuestras vidas hoy, Maral. Buscaban nuestro legado. En ese convoy no solo iban medicinas; iban los archivos de inteligencia de Vladimir y la clave de acceso a las cuentas encriptadas de la familia en Suiza.

La furia de Maral, que antes era un incendio descontrolado, se transformó en un láser frío y preciso. El YME no era lo suficientemente audaz para esto por su cuenta. Alguien les había dado las llaves de su casa.


El Contraataque Romanov

—Si creen que los Romanov son presa fácil cuando están heridos, han cometido su último error —declaró Sasha, recuperando su porte de acero. Se volvió hacia su hija y le puso una mano en la mejilla, dejando una mancha de sangre sobre la piel de Maral—. Ve. Encuéntralos. No traigas prisioneros, solo trae de vuelta lo que nos pertenece.

Maral asintió. La debilidad que sintió al abrazar a su madre se evaporó. Se equipó con un cinturón nuevo de cargadores y un rifle de precisión.

—Gregor, prepara a los "Lobos de Hierro" —ordenó Maral mientras caminaba hacia la salida, sus botas aplastando los casquillos que alfombraban el suelo—. No vamos a recuperar un convoy. Vamos a borrar lo que queda del YME del mapa. Con su líder muerto son vulnerables.

El Plan de Caza:

  • Fase 1: Interceptar el convoy en el paso elevado de la autopista M11 antes de que lleguen a la zona neutral.
  • Fase 2: Identificar al topo. Nadie más sabía la ruta del convoy.
  • Fase 3: Ejecución pública. El mundo debía ver que la muerte de Vladimir no había debilitado a la Bratva, la había vuelto implacable.

Al salir de la mansión, el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de un rojo que imitaba el suelo del salón. Maral subió al vehículo blindado y, antes de cerrar la puerta, miró por última vez a su madre, que permanecía de pie entre las ruinas, como una estatua de una deidad antigua exigiendo sacrificio.

La caza no había terminado. De hecho, apenas comenzaba. Y esta vez, Maral no pelearía por miedo a la pérdida, sino por el puro placer de la retribución.