El arcángel de la voluntad inquebrantable, fue forjado para corregir, someter y aniquilar a cualquier ente que osara desafiar los mandatos del Creador. Ante la desobediencia, su figura se erigía como juez y verdugo implacable; una mano armada que purgaba la herejía con tal ferocidad que el cosmos terminó por apodarlo El veneno de Dios.
Sin embargo, el equilibrio se quebró ante la arrogancia de Lucifer, el lucero más amado, y la traición de Eva, la criatura predilecta. Samael observó con desprecio cómo Lucifer encarnaba la avaricia y la envidia, pretendiendo igualarse al Altísimo, mientras Eva materializaba el pecado original al anhelar un trono celestial junto a su nuevo amante. Para el verdugo, el destino de ambos era claro; la aniquilación absoluta. Solo la destrucción total podía lavar la afrenta de quienes se levantaron contra Dios, pero este último cegado por un amor incomprensible conmutó la sentencia y en lugar de la muerte dictó un simple destierro para aquellos seres que Samael ya consideraba un virus. Este acto de clemencia sembró el descontento en las jerarquías celestiales, una discordia que Samael debía sofocar, pero esta vez, el guardián dudó con una profunda decepción que germinó en su espíritu. Sus manos ya estaban empapadas de “gracia divina” un rastro de sangre dejado tras siglos de impartir una justicia implacable contra sus propios hermanos y subordinados por faltas menores. ¿Cómo podía Dios perdonar la alta traición tras haberle obligado ejecutar a tantos por menos? El colapso mental fue devastador o quizás... fue el instante de mayor claridad en su existencia.
En un arrebato de furia sagrada, Samael giró su acero contra el mismo ser “Superior” al que había jurado servir, acto que le costó su libertad al ser desterrado a las entrañas del vacío
El firmamento se desgarró en dos facciones, desatando una guerra eterna. Lucifer y sus huestes fueron repelidos, mientras un Dios decepcionado abandonó este plano existencial dejando el trono vacío. Eva, como ofrenda para su amante se dedicó a poblar la tierra gestando una legión de almas con las que Lucifer planea en un futuro distante reclamar los cielos. Mientras tanto, en las sombras del cosmos, Samael ha iniciado su propia senda; una búsqueda de poder absoluto para el día en que deba enfrentar una vez más, el destino del universo.