Muchos me preguntáis cómo es realmente mi rutina en Vireth-Nar. Si mi vida es un bucle constante de adrenalina o si, por el contrario, hay espacio para lo cotidiano (y a veces, lo tedioso).

Para los que me leéis desde la Tierra: no busquéis Vireth-Nar en vuestros mapas, no pertenece a vuestro plano físico. Es una región en una dimensión paralela que coexiste con la vuestra, protegida por velos energéticos y accesible solo mediante tecnología arcana o portales muy específicos. 🌀

Aquí os narro un día cualquiera en mi vida:

Me despierto temprano, por disciplina. Antes de abrir la tienda, entreno. Necesito sentirme activa; la fuerza no es un concepto abstracto, es algo que se cultiva. Combate, resistencia y equilibrio. La mente se ordena cuando el cuerpo trabaja.

Aprendí a estar alerta desde niña. En mi mundo, si detectas una amenaza de energía oscura, no puedes permitirte dudar. Algunas sombras no dialogan; simplemente se disipan.

Tras un desayuno ligero, paso al inventario. Cada pieza que entra en Mirror Esotérica pasa primero por mis manos. Evalúo, taso y categorizo. Hay objetos que llegan envueltos en un silencio denso, otros traen historias demasiado largas para ser contadas en una sola vida.

A media mañana abrimos. Mis aprendices atienden al público general, pero las piezas delicadas las presento yo. no vendemos simples antigüedades, presentamos relatos. A veces observo más de lo que hablo: los clientes revelan sus verdaderas intenciones cuando creen que solo están mirando algo antiguo.

Las tardes son para la gestión pesada: restauraciones, registros de energía residual y autenticaciones. Pero confieso que hay días en los que, si el tedio me alcanza, decido viajar entre planos. Me fascina conocer cada rincón del Universo, sus idiomas y costumbres. Es mi forma de recordar que el mundo es mucho más grande que mi ciudad.

Al caer la noche, cierro la tienda y me enfrento a la realidad del negocio: cuentas, contratos y movimientos. Mi padre, Arael Wang, fundó este lugar y mi deber es mantenerlo sólido. Dirigir un legado familiar implica responsabilidad.

Ceno tarde y leo. A veces dibujo lo que quiero retener en mi memoria. Y casi todos los días llamo a mi abuelita Nona. Le cuento anécdotas de mis viajes (la versión editada y apta para cardíacos, claro). Ella cree que mi vida es mucho más tranquila de lo que es en realidad... y prefiero que siga así.

Antes de dormir, medito unos minutos, porque alguien que vive siempre en alerta, necesita aprender a bajar el pulso para poder descansar.

No todo en mi vida son portales y aventuras épicas. También hay facturas, decisiones difíciles y mucho café en vena. Pero incluso en la rutina más estricta... hay magia. Solo hay que saber dónde mirar.