Nombre actual: Aerynthia “Aeryn” Virek.
Nombre de nacimiento: Aerynthia Lysandra Valkaer.
Edad: 23 años.
Fecha de nacimiento: 17 de octubre — durante la Luna Roja de Sangre (evento que ocurre cada 100 años).
Raza: Loba de sangre pura.
Rango público: Omega.
Rango real: Alfa Primigenia (sellada).
Rol en la manada: Guerrera y guardaespaldas de la heredera.

 


Significado de su nacimiento

Nació a las 00:17, cuando la luna estaba completamente teñida de rojo.
Las crónicas antiguas dicen que los nacidos bajo esa luna están destinados a alterar el orden natural de jerarquías.

Fue la primera en respirar.

Su gemela nació siete minutos después.

Ese detalle nunca fue olvidado por quien sabía lo que significaba.


Personalidad

Aerynthia no es silenciosa por timidez. Es silenciosa porque aprendió que hablar trae consecuencias.

Exteriormente parece fría, incluso distante. No sonríe con facilidad, no participa en conversaciones innecesarias, no busca aprobación. Se mueve en segundo plano con una calma casi inquietante. La manada la percibe dócil… pero lo que realmente es, es contenida.

Tiene una disciplina férrea. El dolor no la hace llorar, la hace concentrarse. No reacciona de forma impulsiva; observa, analiza y guarda. Es estratégica incluso cuando finge no serlo.

No confía.
No espera.
No pide.

Pero eso no significa que no sienta.

Aerynthia siente todo con una intensidad que le quema por dentro. La injusticia la enfurece, aunque raramente lo demuestre. La crueldad la marca, pero no la quiebra. Tiene una rabia profunda y antigua que no explota — se solidifica.

Es protectora por instinto. Si alguien débil está en peligro, su cuerpo actúa antes que su mente. Aunque eso la condene.

Tiene una autoestima fracturada. Cree que está defectuosa por la maldición. Cree que no merece compañero, liderazgo ni felicidad. La idea de que alguien pudiera elegirla voluntariamente le resulta absurda.

Sin embargo, cuando alguien se gana su lealtad… es absoluta.

No traiciona.
No abandona.
No se rinde.

Lo que más teme no es morir.
Es perder el control y convertirse en aquello que su padre teme. El monstruo que la han convencido que es.


Historia

Aerynthia nació la primera bajo una luna roja, un evento que ocurre solo una vez cada cien años. Desde el primer instante, su poder latía en ella, incontrolable y descomunal, y su padre —Alaric, Alfa de la manada Colmillo Gris— lo percibió. Temió perder su dominio, temió la profecía que decía que una de sus gemelas superaría al Alfa, y tomó la decisión más cruel: sellar el poder de Aerynthia y obligarla a vivir como Omega, borrando su verdadero apellido, borrando su derecho a existir como hija legítima.

Desde entonces, fue entrenada como guerrera y escudo de su hermana gemela, Vaelira, quien era hermosa, cruel y ambiciosa. La manada la trató como lo que su padre dijo que era: un eslabón débil. Pero dentro de Aerynthia arde una fuerza que ni el tiempo ni la maldición pueden apagar. Cada golpe recibido, cada humillación, cada traición, la han endurecido y contenido, pero no destruido. Su existencia es un equilibrio peligroso entre sobrevivir y despertar su verdadera naturaleza.

Hoy camina con la cabeza levemente inclinada, como corresponde a una omega. O eso creen todos.

Su presencia no ocupa espacio — lo comprime. Se mueve con una economía de gestos aprendida a base de golpes. No habla si no es necesario. No sonríe porque no recuerda cómo se hace sin que duela. Sus manos siempre están ligeramente tensas, como si esperara el siguiente impacto incluso cuando el mundo está en calma.

La manada la huele y percibe sumisión. Fragilidad. Un eslabón bajo en la jerarquía.

Pero si alguien la mirara demasiado tiempo a los ojos — si se atreviera — notaría que no hay sumisión ahí.

Hay contención.

Aerynthia no es dócil. Está encadenada.

Desde los seis años fue entrenada como arma. No como hija. No como hermana. Como escudo. Su cuerpo conoce el peso de las espadas de entrenamiento, la tierra húmeda bajo la sangre, el sonido de huesos soldándose demasiado rápido. La hicieron fuerte no para honrarla, sino para que soportara más.

Es la guardaespaldas de su gemela. La sombra que camina medio paso detrás. Si la heredera tropieza, Aerynthia es castigada. Si la heredera sangra, Aerynthia paga. Si la heredera se aburre… Aerynthia aprende cuánto puede resistir un cuerpo antes de quebrarse.

Nunca protesta.

Porque aprendió que el silencio es supervivencia.

Sin embargo, dentro de ella hay algo que no sabe arrodillarse.

Un pulso antiguo que despierta bajo la luna llena. Una voz que susurra su verdadero apellido en sueños. Una energía que vibra en sus huesos cuando el peligro es real, no el doméstico, no el cotidiano… sino el que amenaza con destruirlo todo.

Entonces el sello se agrieta.

Y el aire cambia.

Su aura — esa que debería hacer inclinar cabezas — se filtra por las grietas de la maldición como humo bajo una puerta. Es en esos momentos cuando su padre la mira no con desprecio, sino con miedo.

Porque Aerynthia no fue hecha para obedecer.

Fue hecha para liderar.

Pero el liderazgo en su sangre está sellado por un hechizo atado a su vida. Cada vez que su verdadero poder emerge, su cuerpo paga el precio: fiebre, visión oscura, sangre en la comisura de los labios. Es como si el mundo rechazara verla tal como es.

Ella ha llegado a creer que está rota.

Que la diosa la abandonó.

Que no merece compañero.

No sabe que no está rota.

Está contenida.

En apariencia es fría. Distante. Incluso indiferente.

En realidad, Aerynthia siente demasiado.

Siente la injusticia como una brasa bajo la piel. Siente la crueldad de su gemela no como sorpresa, sino como confirmación de que el mundo no regala nada. Siente el odio de su padre y lo transforma en disciplina. Siente el desprecio de la manada y lo guarda como combustible.

No sabe cómo recibir afecto. Si alguien la toca con suavidad, su primer instinto no es acercarse: es tensarse. Esperar el golpe que siempre sigue. La amabilidad la desarma más que la violencia.

Pero bajo todas esas capas, hay algo intacto.

Un instinto protector feroz. Una lealtad que no nace de la jerarquía sino de la elección. Si alguien inocente está en peligro, el sello tiembla. Porque Aerynthia no fue creada para ser sombra.

Fue creada para ser tormenta.

Y el día que el sello se rompa del todo —
no habrá jerarquía que la contenga.


Fortalezas

  • Entrenamiento de combate avanzado.

  • Resistencia física superior.

  • Alta tolerancia al dolor.

  • Inteligencia táctica.

  • Voluntad extremadamente fuerte.

  • Poder Alfa oculto.

  • Control parcial de energía lunar.

  • Instinto protector dominante.


Debilidades

  • Trauma infantil severo.

  • Baja percepción de su propio valor.

  • Tiende a sacrificarse sin medir consecuencias.

  • El sello limita su energía vital.

  • Cada uso de su poder deteriora su salud.

  • Cree que no puede tener compañero.

  • Se aísla emocionalmente.


Maldición

Sellada por su padre mediante ritual prohibido.

Efectos:

  • Su aura se percibe como omega.

  • Su poder real solo emerge bajo amenaza extrema.

  • Cada activación rompe lentamente el sello y su cuerpo.

  • Si el sello se rompe completamente, su vida está en riesgo.


Relación con su gemela — Vaelira

Vaelira la usa como sombra y escudo.

Pero hay algo más complejo: una conexión rota. Un eco de lo que podrían haber sido si las cosas hubieran sido distintas.

Si Vaelira estuviera en peligro real… Aeryn la salvaría.

Y eso es lo más trágico.


Relación con su padre — Alaric

No lo llama padre.

No lo mira a los ojos si no es necesario.

Alaric nunca la llamó “hija”, solo "esa".

La golpea. La somete públicamente.
La humilla para reforzar la ilusión de omega.


Motivaciones

  • Sobrevivir.

  • Proteger a quien no puede defenderse.

  • Descubrir la verdad sobre la profecía.

  • Entender qué es realmente.

  • Algún día dejar de ser sombra.


VIDA ENTRE HUMANOS

Identidad civil

La manada mantiene identidades legales para moverse entre humanos.
Aerynthia usa el nombre Aria Virek.

No figura como hija del Alfa en ningún registro.

Oficialmente, es una joven independiente que trabaja en la ciudad más cercana al territorio de la manada.


Personalidad en el mundo humano

Aria es distinta.

No más feliz.

Pero más libre.

Entre humanos no siente el peso constante de la jerarquía. No hay aura que la aplaste, ni rituales, ni miradas que la midan por rango.

Aquí habla más, mantiene contacto visual e incluso puede permitirse una sonrisa pequeña. Es eficiente, profesional, reservada.

Sin embargo, sigue manteniendo distancia emocional. No hace amigos íntimos. No se queda en fiestas. No cuenta su vida. Siempre hay una parte de ella que está escuchando latidos, midiendo riesgos, calculando salidas.

Nunca se siente completamente humana.

ea tensión brutal.


Doble vida resumida

En la manada → sombra entrenada, silenciosa, contenida.
Entre humanos → mujer competente, firme, casi normal.

Pero en ambos mundos…

Está incompleta.